Vamos a comenzar comentando un pasaje que presenta una discusión entre algunos fariseos y Jesús, allá en Jerusalén, el pasaje dice: “Sé que sois descendientes de Abraham; pero procuráis matarme, porque mi palabra no halla cabida en vosotros. Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído cerca de vuestro padre. Respondieron y le dijeron: Nuestro padre es Abraham. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais. Pero ahora procuráis matarme a mí, que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Entonces le dijeron (los fariseos): Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira. Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis” (Jn 8:37-45)
Como usted podrá darse cuenta, aquí hay en cierta manera una confirmación o respuesta a la inquietud de la persona que nos ha hecho llegar esta pregunta, los fariseos del caso, tienen su propio concepto a cerca de lo que Dios dice, pero a Jesús, quien dice estar hablando la verdad a cerca de Dios, ellos no le creen y parece que no pueden entender su lenguaje, dicho de otra manera, les parece que lo que está diciendo Jesús es realmente absurdo y fuera de toda lógica. No estoy seguro pero, me parece que la persona que nos ha hecho esta pregunta, no es precisamente un cristiano militante, sino que es una persona, que desea acercarse a Cristo y que a menudo se hace esta pregunta, porque le parece que hay varios grupos que dicen estar basados en la palabra de Dios, por lo tanto, él no sabe si debe unirse a éste o a aquél; pues todos parecen estar diciendo la verdad, pero él se da cuenta perfectamente que, entre ellos no hay acuerdo a cerca de las cosas que predican. No es mi objetivo en esta ocasión, explicar quién y porque razones es el que dice la verdad; simplemente voy a circunscribirme a responder la pregunta, es decir argumentar el ‘porqué’ de esta falta de entendimiento o esta dificultad para entender la palabra de Dios; porque ciertamente debe haber algún problema, de lo contrario todos hablarían el mismo idioma, o sea todos entenderían lo mismo, cuando leen la palabra de Dios.
Volvamos al pasaje bíblico inicial. Como usted se da cuenta fácilmente, los judíos, tenían muchas dificultades en entender y en algunos casos de aceptar lo que Jesús predicaba; y quiero decirle que ellos, los judíos, llámense fariseos, saduceos, herodianos y cualquier otro grupo de judíos, eran gente muy apegada a la palabra de Dios, es decir, eran gente muy estudiosa, y muy estricta en todas sus costumbres y tradiciones, gente muy celosa de lo que creía. También quiero decirle que diálogos como este que hemos transcrito, hay muchos en los evangelios, y hay muchas situaciones de desacuerdo entre Jesús y los judíos, situaciones de contradicción en que los judíos casi llegaron al extremo de apedrear a Jesús en el acto; porque muchas de las cosas que él decía, no eran aceptables para ellos. Y, bueno, usted ya conoce que finalmente ellos llegaron a apresar a Jesús, le condenaron a muerte, y ejecutaron esa sentencia finalmente. Pero, si tenemos un poco de cuidado en el análisis, nos damos cuenta que ellos, aunque quizá sin darse cuenta, cumplieron esas palabras pronunciadas por Jesús en el pasaje que ya leímos, las cuales son: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio…” Por supuesto que, la muerte de Jesús fue un homicidio, porque Jesús fue un hombre sin pecado ni culpa; y aunque él ya les había dicho de frente cual era el deseo que ellos tenían, y que tan opuestos estaban a sus palabras, y aunque los Judíos negaron muchas veces esa acusación de Jesús de que ellos querían matarlo, de todas maneras, y en la realidad eso se cumplió, demostrando así, que ellos en realidad estaban muy lejos de entender y aceptar su palabra, sino que hicieron los deseos del diablo, quien era en realidad el que quería matar a Jesús; demostrando esto que Jesús no hizo una acusación sin fundamento, aunque ellos así lo sintieron cuando Jesús pronunció esa sentencia. La inocencia de Jesús está demostrada, incluso Judas Iscariote, el que le entrego lo dejó registrado, las escrituras dicen al respecto: “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó” (Mt 27:3-5) Lo importante es destacar que la sentencia de Jesús se cumplió, porque los judíos, a pesar de que muchos de ellos y de alguna manera, entendían que Jesús podría ser el Mesías; cuando Pilato los puso bajo la responsabilidad de decidir sobre su destino, ellos no dudaron en condenarlo a muerte, leamos este pasaje: “Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mt 27:24-25) Queda demostrado que ellos, decidieron, y tomaron bajo su responsabilidad la muerte de Jesús, involucrando incluso a sus hijos, o dicho de otra manera a las generaciones posteriores; y así se hicieron aborrecedores de la palabra de Dios, hijos de Satanás, y homicidas. Pero la verdad es que de alguna manera Dios, sabía que ellos se habían enceguecido y se habían confundido; dicho de otra forma, no habían entendido para nada su palabra, que hasta esos días y mediante muchos profetas, les anunciaba que vendría el Mesías Salvador y les traería buenas noticias de salvación; por esta razón la oración de Jesús en la cruz fue: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23:34)
La mayoría de los judíos, hasta el día de hoy, no acepta a Jesús como el Mesías Salvador, y en cierta manera aún no entienden el mensaje; pero no por eso, ellos han vivido de una u otra forma las consecuencias de aquella decisión fatal, todos hemos visto la suerte que ha tenido el pueblo de Israel a lo largo de la historia. No digo que esa consecuencia sea directa, pero creo que tiene mucho que ver.
Sin embargo, nosotros no estamos aquí para discutir el tema judío, sino para ver el porqué ‘nosotros’ no entendemos la palabra de Dios. Porque al no haber acuerdo entre lo que decimos o predicamos, unos y otros, para nadie es difícil darse cuenta de que hay diferentes interpretaciones, y que si hay una sola verdad, mas de alguien está faltando a esa verdad. Y, aunque usted lo encuentre contradictorio, creo que es una bendición el hecho de que las escrituras estén hechas de tal manera que el lector común, nada entienda y se confunda fácilmente. Pablo estuvo predicando todo un día a unos judío-romanos, y al final tuvo que repetirles una antigua profecía de Isaías que decía: “De oído oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no percibiréis; porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, y con los oídos oyeron pesadamente, y sus ojos han cerrado, para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane” (Hch 28:26-27) Entonces el problema está ahí: ‘En el corazón del hombre’ Si nosotros realmente quisiéramos escuchar la voz de Dios, lo lograríamos, pero si deseamos escuchar algo que anhela nuestro corazón, entonces no es posible oír ni entender esa voz. Nuestro corazón anida un montón de deseos y aspiraciones, nuestro corazón desea que Dios respondiera positivamente a esos deseos, nuestro corazón desea que se cumplan con creces nuestras aspiraciones, nuestro corazón no desea escuchar de castigos ni de juicios, no desea escuchar de condenaciones, de pecados, ni de infierno; nada queremos saber de humillación delante de Dios, de temor de Dios, y ninguna cosa por el estilo, al menos, si no es como está grabado en nuestra mente y nuestro corazón. Decimos ¿Qué clase de Dios es? Si te humilla, y te causa temor, no puede ser un verdadero Dios. Con ese panorama por delante entonces es probable que nada estemos entendiendo, y lo que creemos entender puede estar completamente equivocado. Isaías mismo escribió a cerca de esta ceguera espiritual, que no solo nos involucra a nosotros sino a todas las naciones que en los días finales irán a pelear contra Israel, nadie entenderá nada, ni se dará cuenta de lo que está haciendo, a ellos les parecerá que actúan bien pero estarán muy lejos de hacer algo bueno delante de Dios; el pasaje reza: “Y les sucederá (en el día final) como el que tiene hambre y sueña, y le parece que come, pero cuando despierta, su estómago está vacío; o como el que tiene sed y sueña, y le parece que bebe, pero cuando despierta, se halla cansado y sediento; así será la multitud de todas las naciones que pelearán contra el monte de Sion (o sea contra Jerusalén). Deteneos y maravillaos; ofuscaos y cegaos; embriagaos, y no de vino; tambalead, y no de sidra. Porque Jehová derramó sobre vosotros espíritu de sueño, y cerró los ojos de vuestros profetas, y puso velo sobre las cabezas de vuestros videntes. Y os será toda visión como palabras de libro sellado, el cual si dieren al que sabe leer, y le dijeren: Lee ahora esto; él dirá: No puedo, porque está sellado. Y si se diere el libro al que no sabe leer, diciéndole: Lee ahora esto; él dirá: No sé leer. Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (Is 29:8-13) Queda claro entonces que, para escuchar la voz de Dios, o para entender su palabra, necesitamos despojarnos primeramente de todos nuestros pensamientos, de nuestros ideales y paradigmas de vida. Lo que para nosotros es felicidad, no lo es precisamente para Dios, lo que para nosotros es bienestar, no lo es precisamente para Dios, lo que para nosotros es riqueza, no lo es precisamente para Dios, lo que para nosotros es justicia, no lo es precisamente para Dios, y así un montón de conceptos que nosotros los hemos grabado en nuestra mente y en nuestro corazón, pero de acuerdo al deseo y aspiración humanas, más los pensamientos de Dios son diferentes, por lo tanto, no los podremos entender, a menos que nos pongamos en ese nivel y a propósito. Necesitamos ponernos fuera del contexto humano y terrenal, y ubicarnos en el ambiente espiritual y celestial, allí es donde Dios actúa y allí es donde él mismo será quien nos haga entender su palabra. Judas el Apóstol, no entendía muy bien como sucedía eso de que Dios se manifiesta a unos y no a otros, hasta que finalmente decidió preguntarle directamente a Jesús: “Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14:22-26) El que ama a Jesús guarda o respeta su palabra, y el que ama a Jesús también ama a Dios el Padre, por lo tanto ellos vendrán o se acercarán a este y vivirán junto o cerca de él, para enseñarle todas las cosas. Como este viene siendo completamente un tema espiritual, entonces es el mismo Espíritu de Dios, el que nos enseña y nos hace entender todas las cosas; y por lo tanto no es bueno que nosotros escuchemos palabras o enseñanzas de hombres, que seguramente invalidan el mandamiento y la palabra de Dios, Jesús mismo lo dijo, haciendo mención a la profecía de Isaías: “Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres…” (Mr 7:7-8) y más adelante dijo: “Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Mr 7:21-23) Queda entonces claro que el problema está en acomodar la palabra de Dios a lo que nuestras mentes y nuestros corazones piensan y desean; y también por supuesto en escuchar enseñanzas de hombres y ponerlas por verdad. Hoy en día circulan un montón de enseñanzas en este sentido y algunas dicen ser nuevas interpretaciones de la palabra de Dios: alguien salió por ahí y dijo haber recibido la visita de un ángel y que éste le mostro algún lugar donde había algunas escrituras nuevas escritas en planchas y cosas por el estilo, y mucha gente le creyó y le siguió; otro salió diciendo que recibió un cierto espíritu de profecía y de visión y gracias a esas supuestas visiones que tuvo, estableció una nueva doctrina, y otro poco de gente siguió sus enseñanzas; otro partió enseñando y escribiendo otras cosas y diciendo que el que no tiene sus escritos es muy difícil de que pueda llegar a entender la verdad, y otro grupo de gente se fue tras él; otros tantos han pretendido ser el mismo Jesús, o incluso el Anticristo, y aunque pareciera increíble, mucha gente se une a ellos; otros grupos se arrogan que ellos son los únicos que pueden interpretar las escrituras, por lo que prefieren que sus fieles no la lean, y vaya que tienen seguidores, y así, etc., etc. Y yo le pregunto querido amigo: ¿Qué es todo eso que se escucha y se ve? ¿No es acaso enseñanzas de hombres? ¿esta eso registrado en la palabra de Dios? La gente incauta, se une por supuesto a donde le parece mejor, donde le gusta lo que predican, donde hay un bonito ambiente, donde la música es buena o donde todo está bien organizado; mas es necesario decir que nada de eso puede ser un referente para elegir el lugar donde congregarse, ni el lugar donde ahondar los conocimientos de la palabra de Dios. El camino correcto debe ser el leer la biblia con mucho cuidado y atención y tratar de que aquello que está escrito es lo que se debe hacer, aún si eso no nos agrada o no nos parece; pero lo más importante que se debe hacer, es el acercarse a Dios mismo en oración, y decirle con todo sentimiento y sinceridad, que realmente queremos encontrar el camino verdadero. Si decimos creer que Dios está en todas partes, entonces por supuesto que él escuchará nuestras oraciones, donde sea que estemos, y si decimos que él examina los corazones de los hombres, entonces él sabrá muy bien que aquello que le pedimos es sincero y verdadero. Ahora bien, por supuesto que una vez que esa ruta ya haya sido identificada, nosotros de seguro que tenemos la obligación de seguir la senda, pues la palabra de Dios es una fuente inagotable de enseñanza, y ella será la que nos guié por el resto de nuestras vidas; bien dice el amigo que hace la pregunta, cuando incluye la frase "palabra viva", porque la palabra de Dios es viva y eficaz, en todo momento y en cualquier circunstancia, y para cualquier clase de persona.
No hacerlo de esta manera ¿qué significa? Significa hacer veraz la sentencia escrita que leíamos mas arriba: "Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, y han cerrado sus ojos; para que no vean con los ojos, y oigan con los oídos, y con el corazón entiendan, y se conviertan, y yo los sane". (Mt 13:15) En otras palabras significa hacer acciones y esfuerzos para engrosar nuestro corazón, o sea para que cada vez nos parezca más verdadero aquello que nos enseñan los hombres, para que cada vez nos parezca mas difícil aceptar lo que realmente está escrito en la palabra de Dios, sino que nosotros le damos nuestra propia interpretación, aún si en realidad entendemos lo que dice, pero ese colchón de enseñanzas de hombres hace que finalmente lo entendamos como los que nos enseñan dicen que se debe interpretar. Esto quiere decir oír pesadamente, o sea podemos aún oír, pero se nos hace tan raro y tan difícil de aceptar que finalmente lo desechamos y seguimos solo lo que nos ha sido enseñado; y aunque hay una realidad diferente ante nuestros ojos, nosotros no la podríamos ver porque nuestros ojos espirituales están cerrados, por lo tanto aunque alguien nos diga que estamos yendo por camino equivocado, no lo aceptaremos, pues nuestros ojos espirituales no lo ven así, y nosotros pensamos que aquellos que ha sido aceptado por nuestra mente y nuestro corazón es lo real. Ya estando en esta situación, no escuchamos verdad alguna, sino aquella que ha sido puesta en nuestro corazón, pero no por Dios, sino por alguien que es otro hombre igual que nosotros, y tampoco vemos nada, ni peligros ni advertencias, y estando en esa condición, nuestro corazón nada entiende y no nos podremos convertir a Dios, o sea no podremos acercarnos a él para seguirle, pues ya estamos siguiendo otros caminos, y en cierta forma como Jesús les dijo a los judíos, estamos siguiendo al diablo, y por lo tanto Dios no nos puede sanar. ¿Sanar? Esta última palabra del párrafo, en realidad, no significa librarse de enfermedades físicas, sino de enfermedades espirituales, significa librarse de todo extravío, de toda confusión y de toda servidumbre de Satanás; o sea estando en esas condiciones Dios no podrá sanarnos, estando en esas condiciones estamos igual que los judíos que mataron a Jesús y cuando se vieron enfrentados a una realidad, no dudaron en decir "que la sangre de Jesús sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos".
Me parece que usted mi amado lector, debe estar un tanto preocupado y confuso con lo que escribí más arriba, al menos si está leyendo con atención, cuando dije, que yo pienso que de alguna manera es una bendición, el hecho de que las escrituras estén como diseñadas para que las personas no las entiendan y se confundan. Es necesario que explique esta situación, para no causar a mis queridos lectores, dudas o confusiones. Tomare para la aclaración, los versículos que están justamente antes del que ya hemos comentado, y que dicen: "Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado. Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden" (Mt 13:10-13) Todo empezó cuando Jesús se dirigió a los judíos y les empezó a enseñar y al hacerlo él empleó la figura literaria que se llama parábola. Por supuesto que Jesús sabía que con parábolas la gente entendía nada o casi nada de lo que decía, pero él estaba decidido a hacerlo de esa manera. Sus discípulos también sabían que ese sistema no estaba funcionando y no soportaron esta situación y decidieron decírselo, pero Jesús aprovecho de darles a ellos una gran enseñanza, que también es válida para nosotros hoy. El les aclaró, que a ellos o sea a los discípulos, les estaba permitido hacer preguntas y recibir aclaraciones, y también recibir enseñanzas directas, sin emplear parábolas para que así ellos puedan conocer muy a fondo los misterios del reino de los cielos, pero que a la demás gente no le estaba permitido eso, y por lo tanto él les hablaba en parábolas. Pero... ¿por qué no les estaba permitido? Y aquí Jesús hace la aclaración que vale para explicar lo que yo había escrito y dicho. Jesús dice que al que tiene se le dará más, pero al que no tiene, aún lo poco que tiene le será quitado. Y entiéndase bien, Jesús no está hablando de cosas materiales ni de dinero, sino que se está refiriendo al mismo tema que venimos tratando, o sea al entendimiento de las cosas del reino de los cielos por intermedio de su palabra. Jesús dice que a aquel que tiene algo de entendimiento en este campo, y que ese algo de entendimiento lo ha conseguido gracias a ese su deseo genuino de conocer estas verdades, a esa persona se le dará aún más entendimiento, y así llegará a ser un buen conocedor de la palabra de Dios; pero a aquel que no tiene conocimiento del reino de los cielos, debido a que siempre trata de acomodar las cosas a su manera, de acuerdo a lo que él piensa o de acuerdo a lo que a él le parece y que escucha por ahí, y que nunca se preocupa de preguntarle a Dios mismo, como puede conocer esa verdad; a esa persona no se le dará entendimiento, por lo que no llegará a conocer nada a cerca del reino de los cielos, y si bien la palabra llega a ellos, les llega así como una parábola, que es difícil de entender y que puede tener muchas interpretaciones, y puede llevar a confusiones; por eso dice que aún lo poco que tienen les será quitado. Esto demuestra que la biblia esta como diseñada para que esto suceda, quiero decir que esta como hecha para que aquellos que no tengan un deseo genuino de entender y conocer la verdad a cerca de Dios y su santo reino, aunque lean y escuchen, no podrán llegar a conocer la verdad. Y... ¿porque dije que es casi una bendición que esto sea así? Porque justamente ese hecho hace que solo los verdaderos interesados en conocer y llegar al reino de los cielos, puedan encontrar el camino, mas no sucede así con los demás, y esto por supuesto que hace una gran diferencia, pero que siempre está a favor de los que tienen verdaderos deseos de estar un día con Dios creador de todas las cosas.
Yo no sé, si esto contesta de manera amplia la pregunta que nos han enviado, pero creo que por lo menos da una buena razón de aquello. Se puede escribir muchas cosas más, y se pueden emplear muchos otros ejemplos bíblicos, pero también estoy consciente de cuan difícil es que las personas lean artículos largos; por lo que de alguna manera me veo en la necesidad de acortar lo más que puedo, mis escritos.
Quiero enviarles mi total agradecimiento, por participar en este tipo de enseñanzas, haciendo preguntas que pueden parecer muy complicadas, y que yo de alguna manera espero poder darles alguna respuesta que satisfaga sus inquietudes y que también los lleve a aclarar sus dudas. Reciban un gran abrazo y que Dios le bendiga grandemente.
Hebreos 1:1-2
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quién constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.
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30 de marzo de 2013
1 de septiembre de 2012
¿Tiene Dios un plan para cada persona?
La pregunta que nos enviaron decía: ¿Le diría a Dios si él ha planeado mi vida completamente y podré dejar este mundo una vez que mis hijas ya estén preparadas para vivir sin sus padres? A veces me atemoriza que llegue el día de mi partida y que ellas aún estén estudiando o no tengan su vida formada.
Supongamos que una pareja de novios planea casarse pronto, ellos dentro de sus planes tienen el deseo y la ilusión de tener unos lindos hijos, a los cuales educarán hasta lograr que sean médicos profesionales. Casados ya ellos, logran tener un solo hijo y no dos como era su deseo, y al pasar el tiempo, el niño manifiesta que quiere ser futbolista; sus padres, por supuesto que no están de acuerdo con esta idea, porque piensan que no es la mejor opción, y no es nada parecido a lo que ellos habían planificado para él. Al fin el joven ya tiene edad y decide por lo que él quiere y no por lo que sus padres le piden.
Aunque esta es solo una sencilla ilustración, lo que trato de decir, es que el plan de Dios para cada ser humano, es algo parecido a lo que acabo de contar. Si alguien me pregunta: ¿Tiene Dios un plan para cada uno de nosotros? Yo le diría que sí y con toda seguridad. Luego esa persona pensará inmediatamente, pero… ¿Por qué ese plan para mí no es tan bueno, y es tan diferente al de mi prójimo, a quien parece que todo le sale bien? Quizá empiece a enumerar todas las cosas que de su vida no le gustan, puede quejarse de la esposa indiferente que tiene, del sueldo bajo que gana, de su salud que no es muy buena, o tal vez de sus hijos, que no han sido como a él le hubiese gustado, y muchas cosas más. En definitiva, no podrá entender porque Dios, si es tan sabio y soberano, no pudo haber trazado un mejor plan de vida para él, o es que ¿no es Dios así de poderoso como dicen?
Si bien es cierto que Dios tiene un plan de vida para cada uno de nosotros, este plan incluye un aspecto importante de una gran verdad bíblica, esta es: “Hemos sido hechos a la imagen de Dios” (Gen 1:27). Y, ¿qué significa eso? Significa que así como Dios es libre y soberano de hacer como a él le place, así también nosotros hemos sido hechos con esa capacidad de autodeterminación o libre albedrío; por lo tanto, y aunque el plan de Dios incluye con toda seguridad las mejores cosas para nosotros, estas no se llegan a cumplir porque nosotros intervenimos en el camino, y tomamos nuestras propias decisiones, y por lo tanto es lógico que también asumamos las consecuencias de las decisiones que tomamos. Es probable que debido a nuestra forma de ser, en algún momento solo tendamos a ver que Dios no nos ha trazado un buen plan de vida, y que no seamos capaces de aceptar que, si bien el plan no parece muy bueno, es solo el resultado de nuestra propia forma de actuar.
Por otro lado, tenemos que decir que, si alguien decide permanecer fiel a Dios, esto es con apego estricto a su palabra y a su consejo; ese alguien automáticamente entenderá que las cosas que sucedan en este mundo, no pueden influir para nada en desviar al hombre del plan de Dios, pues este plan en su parte más fundamental está diseñado para que el hombre llegue a vivir con Dios en la eternidad; y nuestra vida acá en la tierra solo sirve, por decirlo de alguna manera, para demostrarle a Dios que le amamos, que deseamos estar algún día con él y que allá donde vayamos, nos portaremos muy bien, así como ya lo estamos demostrando aquí en la tierra. Por lo tanto, el día que el hombre tenga que partir de éste mundo: los familiares que quedan aquí, la situación en que ellos quedan, en manos de quien quedan los negocios, las posesiones, etc., no son relevantes y no deberían influir en la vida del verdadero cristiano. Este, de por sí entenderá que Dios es suficientemente poderoso para cuidar de sus hijos, de su esposa y de sus familiares; y, el no pensar de esa forma es dejar de reconocerle esa capacidad a Dios, es dejar de creer en su amor por las personas, y hasta dejar de reconocer que él tiene un plan para cada cual. Si de alguna manera aceptamos que Dios tiene un plan para nosotros, creo que lo más básico es empezar pensando que él se ocupara de nosotros, de nuestra salud, de nuestros alimentos, de nuestro bienestar, pero, principalmente se preocupará de que lleguemos a obtener la vida eterna junto a él. El problema surge, cuando nosotros queremos que el plan de Dios sea a la medida de nuestros pensamientos, y a la medida de nuestros deseos. Actuamos por cuenta nuestra, hasta habernos alejado completamente de ese plan, y luego nos quejamos de que ese plan no es bueno para nosotros, o solamente lo vemos como bueno, mientras nuestras expectativas y nuestros deseos se cumplen, pero llega el momento donde algo deja de estar de acuerdo a lo que nosotros quisiéramos, y en ese momento recién pensamos que Dios no nos ha dado un buen plan para esta vida.
Ahora, es necesario aclarar que muchas de las cosas que nosotros vemos como estrictamente necesarias, para Dios no lo son; y mientras no tengamos los pensamientos parecidos a los de él, probablemente no entendamos estas cosas y tampoco podamos ver que su plan es bueno. Jesús les dijo a sus discípulos: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo más que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?” (Lc 12:22-24) No os afanéis por vuestra vida; eso quiere decir que no nos preocupemos mucho de que si viviremos o moriremos, pues si estamos seguros de que Dios nos ha dado una vida eterna, confiamos en que así es. Si no podemos conseguir pan, y nos llegásemos a morir de hambre, o de frío por no tener vestido, ̶ porque eso es lo que les pasa a algunos cuervos u otras aves ̶ ; sin embargo Jesús enseño que Dios los alimenta, y lo que vemos que les pasa a las aves, ese es el cuidado que Dios les da, y seguramente las aves se mueren sin renegar de Dios, y mientras viven, viven muy contentas con lo que tienen, sea poco o sea mucho; y es que a ellas ni siquiera se les ha prometido una vida eterna. Luego de presentar esta enseñanza, Jesús pregunta: ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¡Claro que Dios nos proporcionará un mejor cuidado!
Lo que nosotros debemos pensar es que muchas, por no decir todas las cosas malas que pasan en este mundo, no son por obra de Dios, sino que son por obra de nosotros mismos, lo seres humanos, y en algunos casos pueden ser obra o influencia de Satanás; por lo tanto la pobreza, los conflictos familiares, las enfermedades y toda clase de mal ha sido cultivado afanosamente por el ser humano, y si nos toca pasar por esos problemas, primero deberíamos pensar y aceptar que somos los autores de todo aquello, y luego aceptar que estas situaciones adversas, pueden servir para demostrarle a Dios, que de todas maneras confiamos en sus promesas, y que deseamos un día estar con él. Pero… ¿Cómo es eso? ¿Acaso Dios no tiene poder para controlarlo todo? Vuelvo a citar la sentencia bíblica: “Hemos sido hechos a la imagen de Dios”. Dios no va a intervenir en nuestro actuar, no tiene por qué hacerlo, porque eso significaría que no somos autodependientes o que no tenemos libre albedrío, significaría que no hemos sido hechos a su imagen; en ese caso pasaríamos a ser simplemente como los animales, y como ya dijimos, los animales no tienen el problema que tenemos nosotros los seres humanos; quiero decir que los animales no tienen el problema del afán por las cosas materiales, el problema del pecado, no tienen problemas de convivencia y si no fuera por el hombre, creo tampoco tendrían problemas de alimentación y hábitat.
Mas, como hemos sido hechos a la imagen de Dios, nosotros sí tenemos autodeterminación o libre albedrío, y Dios no quiere relacionarse con animales, aunque a ellos por supuesto que los ama; pero él ha hecho un ser superior, un ser que tiene conciencia de su libertad y que tiene muchos de sus atributos, y es con ese ser con quien quiere tener comunión. Para poder amar a Dios de manera libre, debemos tener libre albedrío, debemos tener la capacidad de elegirle libre y voluntariamente como nuestro Dios y Padre, incluso debemos tener la capacidad de elegir no amarle o de rechazarle, es la única manera de que podamos demostrar que le amamos voluntaria y verdaderamente, es la única manera que podemos demostrarle a Dios qué camino o qué decisión hemos tomado, y que esa decisión no ha sido influenciada por él sino que proviene directamente de nuestra propia conciencia y voluntad.
Por supuesto que Dios tiene todo el poder para hacer lo que a él le plazca. El puede sanar enfermedades, él puede prolongar la vida a las personas, también podría acortársela por supuesto, él puede enviar lluvia para tener buenas cosechas, el puede hacer todo lo que nosotros nos podemos imaginar, pero… ¿Por qué entonces no lo hace? Para responder a eso, tenemos que mirar el versículo que está al lado del anterior y que dice: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y SEÑOREE en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, EN TODA LA TIERRA, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Gen 1:26) Yo cambié a propósito esas palabras a mayúsculas, porque ahí está el secreto para responder esta pregunta. Si Dios pasara interviniendo en las cosas que hacemos, entonces dejaríamos de ser libres, como ya lo hemos dicho; pero además dejaríamos de ser los DUEÑOS Y SEÑORES DE LA TIERRA, tal como él lo dijo el día que nos creó . Sería como si usted le regalara una bicicleta a su hijo, y luego él tuviera que usarla solo en los momentos y en la forma en que a usted le parece y no como él quiere, o sea él no estaría capacitado para hacer lo que quiera con su bicicleta; esto: Primeramente, sería como si no se la hubiese regalado ¿verdad? Y luego, ¿Cómo podría usted saber si realmente él aprecia el regalo? ¿Cómo saber si realmente él sigue sus consejos de cuidado y buenas costumbres? Esta es la razón por la que Dios no interviene comúnmente en las cosas del hombre: “Él ha determinado que somos los dueños y señores de este mundo” y cuando él nos lo entregó tenía todo muy limpio, estaba todo bien equilibrado, y había mucha abundancia; por lo tanto todo lo que aquí sucede, pasa a ser de nuestra propia responsabilidad. Sin embargo debemos notar que a pesar de todo eso, Dios sí cuida de la humanidad, y ha hecho muchas cosas para convencernos de que está pendiente de nosotros, de que nos ama y de que desea un día estar junto a nosotros. A través de la historia, Dios se ha manifestado innumerables veces, ha enviado a su hijo único, para que podamos creer en él, y así ser salvos; y es más, él se manifestará activamente en la vida de cualquier ser humano, si este decide conducirse bajo la voluntad de Dios; o sea, cuando el hombre decide por si solo, no hacer casi nada guiado por su propia decisión, si no que lo pone todo en la voluntad de Dios. Es como si su hijo a pesar de haber recibido la bicicleta, y a pesar de saber que él es el dueño absoluto y tiene muy claro que puede hacer lo quiera con el aparato; de todas maneras decidiera preguntarle cuando puede salir con ella a la calle, o como es que debe cuidarla, o le pide consejos de como hacerle un buen mantenimiento. Esto demostraría que el joven realmente esta feliz y agradecido por lo que usted a hecho por él; y usted amorosamente le dará los mejores consejos y le ayudará en todo lo que necesite para tener siempre bien su bicicleta y hasta quizá le regale algo de dinero para que la hermosee ¿verdad? Así Dios, también puede intervenir en la vida de nosotros, sanando nuestras enfermedades, puede bendecirnos materialmente, puede consolarnos en los momentos de tristeza y hacer muchas cosas más; y tengo que aclarar, que no es solo una posibilidad, sino que así lo hace ¡Hay una inmensa nube de testigos!, que pueden dar fe de que así ha sido en sus vidas. Incluso tendríamos que decir que Dios interviene a veces en la vida de personas que ni siquiera creen en él; o quizá hasta reniegan de él. Nadie le puede decir a Dios lo que debe hacer, o pedirle cuentas de lo que hace, porque él es dueño de hacer lo que él quiera; tal como nosotros somos, y que también podemos ayudar no solo a nuestros hijos, sino a cualquier persona, y por cualquier motivo; y si por alguna razón decidimos no hacerlo, pensamos que somos completamente libres de haber tomado esa decisión. Así actúa Dios, y nosotros fuimos hechos a su imagen, por lo tanto actuamos, bajo ese mismo espejo de conducta.
Lo que puedo contestarle a la persona que me envió esta pregunta, es que si bien Dios tiene un plan para cada ser humano, y ese plan, que dicho sea de paso es eterno, no tiene mucho que ver con él en nuestro paso por este mundo, a no ser de que el hombre decida voluntaria y libremente depender de Dios en este mundo; entonces por supuesto, todo lo que le suceda a ese hombre será responsabilidad de Dios. Pero aquí debemos tomar en cuenta dos cosas: Primeramente que de todas maneras el hombre sigue siendo libre, y puede en cualquier momento decidir dejar de depender de Dios, así como también puede decidir seguir dependiendo de él toda su vida. Por otro lado, tenemos que estar conscientes que depender de Dios puede justamente significar que él nos use para dar testimonio a otros, para demostrar qué tanto amor tiene por la humanidad, y qué tan dispuesto esta a perdonar nuestras maldades; y en ese cometido, es posible que la persona utilizada por Dios tenga que pasar por momento difíciles, de dolor o sufrimiento y quizá hasta entregar su vida como testimonio de fidelidad. Veamos eso en una sola mirada a la vida de Jesús: Sufrió, pasó necesidades, fue rechazado, y murió a manos de hombres pecadores; y aún en la cruz, pidió perdón por ellos al Padre. Y si a nosotros no nos impacta la vida y pasión de Jesús, es probable que Dios tenga que seguir usando a sus hijos para impactar a las personas, quizá tenga que usar a nuestros familiares cercanos, quizá nosotros mismo tengamos que pasar por el valle de sombra y de muerte, para ser impactados por su amor, y así tener oportunidad de demostrar no solo a él, sino también a los demás, que tamaña fe tenemos y que determinación de seguir la senda que Jesús nos trazó; muchas veces es la única forma de poder entender su plan y tener la certeza de que todo esto sucede porque nos ama, porque desea tener comunión con nosotros y desea un día estar con nosotros. Las personas que están bajo la voluntad de Dios lo entienden perfectamente y se gozan en ello, pero es probable que las personas que no viven bajo esa voluntad sino que viven bajo su propia voluntad, solo vean que Dios finalmente no es tan bueno como muchos lo predican y que de todas maneras no ha tenido un buen plan para ellos. Como siempre espero que estas meditaciones, le lleven al convencimiento de que nuestro amoroso Dios, está pendiente y deseoso de tener comunión con cada ser humano, él desea bendecirnos y perdonar todas nuestras iniquidades, pero si algo de eso no sucede, no es por él, es por nosotros.
Que Dios les bendiga mucho. Amén.
Supongamos que una pareja de novios planea casarse pronto, ellos dentro de sus planes tienen el deseo y la ilusión de tener unos lindos hijos, a los cuales educarán hasta lograr que sean médicos profesionales. Casados ya ellos, logran tener un solo hijo y no dos como era su deseo, y al pasar el tiempo, el niño manifiesta que quiere ser futbolista; sus padres, por supuesto que no están de acuerdo con esta idea, porque piensan que no es la mejor opción, y no es nada parecido a lo que ellos habían planificado para él. Al fin el joven ya tiene edad y decide por lo que él quiere y no por lo que sus padres le piden.
Aunque esta es solo una sencilla ilustración, lo que trato de decir, es que el plan de Dios para cada ser humano, es algo parecido a lo que acabo de contar. Si alguien me pregunta: ¿Tiene Dios un plan para cada uno de nosotros? Yo le diría que sí y con toda seguridad. Luego esa persona pensará inmediatamente, pero… ¿Por qué ese plan para mí no es tan bueno, y es tan diferente al de mi prójimo, a quien parece que todo le sale bien? Quizá empiece a enumerar todas las cosas que de su vida no le gustan, puede quejarse de la esposa indiferente que tiene, del sueldo bajo que gana, de su salud que no es muy buena, o tal vez de sus hijos, que no han sido como a él le hubiese gustado, y muchas cosas más. En definitiva, no podrá entender porque Dios, si es tan sabio y soberano, no pudo haber trazado un mejor plan de vida para él, o es que ¿no es Dios así de poderoso como dicen?
Si bien es cierto que Dios tiene un plan de vida para cada uno de nosotros, este plan incluye un aspecto importante de una gran verdad bíblica, esta es: “Hemos sido hechos a la imagen de Dios” (Gen 1:27). Y, ¿qué significa eso? Significa que así como Dios es libre y soberano de hacer como a él le place, así también nosotros hemos sido hechos con esa capacidad de autodeterminación o libre albedrío; por lo tanto, y aunque el plan de Dios incluye con toda seguridad las mejores cosas para nosotros, estas no se llegan a cumplir porque nosotros intervenimos en el camino, y tomamos nuestras propias decisiones, y por lo tanto es lógico que también asumamos las consecuencias de las decisiones que tomamos. Es probable que debido a nuestra forma de ser, en algún momento solo tendamos a ver que Dios no nos ha trazado un buen plan de vida, y que no seamos capaces de aceptar que, si bien el plan no parece muy bueno, es solo el resultado de nuestra propia forma de actuar.
Por otro lado, tenemos que decir que, si alguien decide permanecer fiel a Dios, esto es con apego estricto a su palabra y a su consejo; ese alguien automáticamente entenderá que las cosas que sucedan en este mundo, no pueden influir para nada en desviar al hombre del plan de Dios, pues este plan en su parte más fundamental está diseñado para que el hombre llegue a vivir con Dios en la eternidad; y nuestra vida acá en la tierra solo sirve, por decirlo de alguna manera, para demostrarle a Dios que le amamos, que deseamos estar algún día con él y que allá donde vayamos, nos portaremos muy bien, así como ya lo estamos demostrando aquí en la tierra. Por lo tanto, el día que el hombre tenga que partir de éste mundo: los familiares que quedan aquí, la situación en que ellos quedan, en manos de quien quedan los negocios, las posesiones, etc., no son relevantes y no deberían influir en la vida del verdadero cristiano. Este, de por sí entenderá que Dios es suficientemente poderoso para cuidar de sus hijos, de su esposa y de sus familiares; y, el no pensar de esa forma es dejar de reconocerle esa capacidad a Dios, es dejar de creer en su amor por las personas, y hasta dejar de reconocer que él tiene un plan para cada cual. Si de alguna manera aceptamos que Dios tiene un plan para nosotros, creo que lo más básico es empezar pensando que él se ocupara de nosotros, de nuestra salud, de nuestros alimentos, de nuestro bienestar, pero, principalmente se preocupará de que lleguemos a obtener la vida eterna junto a él. El problema surge, cuando nosotros queremos que el plan de Dios sea a la medida de nuestros pensamientos, y a la medida de nuestros deseos. Actuamos por cuenta nuestra, hasta habernos alejado completamente de ese plan, y luego nos quejamos de que ese plan no es bueno para nosotros, o solamente lo vemos como bueno, mientras nuestras expectativas y nuestros deseos se cumplen, pero llega el momento donde algo deja de estar de acuerdo a lo que nosotros quisiéramos, y en ese momento recién pensamos que Dios no nos ha dado un buen plan para esta vida.
Ahora, es necesario aclarar que muchas de las cosas que nosotros vemos como estrictamente necesarias, para Dios no lo son; y mientras no tengamos los pensamientos parecidos a los de él, probablemente no entendamos estas cosas y tampoco podamos ver que su plan es bueno. Jesús les dijo a sus discípulos: “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo más que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves?” (Lc 12:22-24) No os afanéis por vuestra vida; eso quiere decir que no nos preocupemos mucho de que si viviremos o moriremos, pues si estamos seguros de que Dios nos ha dado una vida eterna, confiamos en que así es. Si no podemos conseguir pan, y nos llegásemos a morir de hambre, o de frío por no tener vestido, ̶ porque eso es lo que les pasa a algunos cuervos u otras aves ̶ ; sin embargo Jesús enseño que Dios los alimenta, y lo que vemos que les pasa a las aves, ese es el cuidado que Dios les da, y seguramente las aves se mueren sin renegar de Dios, y mientras viven, viven muy contentas con lo que tienen, sea poco o sea mucho; y es que a ellas ni siquiera se les ha prometido una vida eterna. Luego de presentar esta enseñanza, Jesús pregunta: ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¡Claro que Dios nos proporcionará un mejor cuidado!
Lo que nosotros debemos pensar es que muchas, por no decir todas las cosas malas que pasan en este mundo, no son por obra de Dios, sino que son por obra de nosotros mismos, lo seres humanos, y en algunos casos pueden ser obra o influencia de Satanás; por lo tanto la pobreza, los conflictos familiares, las enfermedades y toda clase de mal ha sido cultivado afanosamente por el ser humano, y si nos toca pasar por esos problemas, primero deberíamos pensar y aceptar que somos los autores de todo aquello, y luego aceptar que estas situaciones adversas, pueden servir para demostrarle a Dios, que de todas maneras confiamos en sus promesas, y que deseamos un día estar con él. Pero… ¿Cómo es eso? ¿Acaso Dios no tiene poder para controlarlo todo? Vuelvo a citar la sentencia bíblica: “Hemos sido hechos a la imagen de Dios”. Dios no va a intervenir en nuestro actuar, no tiene por qué hacerlo, porque eso significaría que no somos autodependientes o que no tenemos libre albedrío, significaría que no hemos sido hechos a su imagen; en ese caso pasaríamos a ser simplemente como los animales, y como ya dijimos, los animales no tienen el problema que tenemos nosotros los seres humanos; quiero decir que los animales no tienen el problema del afán por las cosas materiales, el problema del pecado, no tienen problemas de convivencia y si no fuera por el hombre, creo tampoco tendrían problemas de alimentación y hábitat.
Mas, como hemos sido hechos a la imagen de Dios, nosotros sí tenemos autodeterminación o libre albedrío, y Dios no quiere relacionarse con animales, aunque a ellos por supuesto que los ama; pero él ha hecho un ser superior, un ser que tiene conciencia de su libertad y que tiene muchos de sus atributos, y es con ese ser con quien quiere tener comunión. Para poder amar a Dios de manera libre, debemos tener libre albedrío, debemos tener la capacidad de elegirle libre y voluntariamente como nuestro Dios y Padre, incluso debemos tener la capacidad de elegir no amarle o de rechazarle, es la única manera de que podamos demostrar que le amamos voluntaria y verdaderamente, es la única manera que podemos demostrarle a Dios qué camino o qué decisión hemos tomado, y que esa decisión no ha sido influenciada por él sino que proviene directamente de nuestra propia conciencia y voluntad.
Por supuesto que Dios tiene todo el poder para hacer lo que a él le plazca. El puede sanar enfermedades, él puede prolongar la vida a las personas, también podría acortársela por supuesto, él puede enviar lluvia para tener buenas cosechas, el puede hacer todo lo que nosotros nos podemos imaginar, pero… ¿Por qué entonces no lo hace? Para responder a eso, tenemos que mirar el versículo que está al lado del anterior y que dice: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y SEÑOREE en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, EN TODA LA TIERRA, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Gen 1:26) Yo cambié a propósito esas palabras a mayúsculas, porque ahí está el secreto para responder esta pregunta. Si Dios pasara interviniendo en las cosas que hacemos, entonces dejaríamos de ser libres, como ya lo hemos dicho; pero además dejaríamos de ser los DUEÑOS Y SEÑORES DE LA TIERRA, tal como él lo dijo el día que nos creó . Sería como si usted le regalara una bicicleta a su hijo, y luego él tuviera que usarla solo en los momentos y en la forma en que a usted le parece y no como él quiere, o sea él no estaría capacitado para hacer lo que quiera con su bicicleta; esto: Primeramente, sería como si no se la hubiese regalado ¿verdad? Y luego, ¿Cómo podría usted saber si realmente él aprecia el regalo? ¿Cómo saber si realmente él sigue sus consejos de cuidado y buenas costumbres? Esta es la razón por la que Dios no interviene comúnmente en las cosas del hombre: “Él ha determinado que somos los dueños y señores de este mundo” y cuando él nos lo entregó tenía todo muy limpio, estaba todo bien equilibrado, y había mucha abundancia; por lo tanto todo lo que aquí sucede, pasa a ser de nuestra propia responsabilidad. Sin embargo debemos notar que a pesar de todo eso, Dios sí cuida de la humanidad, y ha hecho muchas cosas para convencernos de que está pendiente de nosotros, de que nos ama y de que desea un día estar junto a nosotros. A través de la historia, Dios se ha manifestado innumerables veces, ha enviado a su hijo único, para que podamos creer en él, y así ser salvos; y es más, él se manifestará activamente en la vida de cualquier ser humano, si este decide conducirse bajo la voluntad de Dios; o sea, cuando el hombre decide por si solo, no hacer casi nada guiado por su propia decisión, si no que lo pone todo en la voluntad de Dios. Es como si su hijo a pesar de haber recibido la bicicleta, y a pesar de saber que él es el dueño absoluto y tiene muy claro que puede hacer lo quiera con el aparato; de todas maneras decidiera preguntarle cuando puede salir con ella a la calle, o como es que debe cuidarla, o le pide consejos de como hacerle un buen mantenimiento. Esto demostraría que el joven realmente esta feliz y agradecido por lo que usted a hecho por él; y usted amorosamente le dará los mejores consejos y le ayudará en todo lo que necesite para tener siempre bien su bicicleta y hasta quizá le regale algo de dinero para que la hermosee ¿verdad? Así Dios, también puede intervenir en la vida de nosotros, sanando nuestras enfermedades, puede bendecirnos materialmente, puede consolarnos en los momentos de tristeza y hacer muchas cosas más; y tengo que aclarar, que no es solo una posibilidad, sino que así lo hace ¡Hay una inmensa nube de testigos!, que pueden dar fe de que así ha sido en sus vidas. Incluso tendríamos que decir que Dios interviene a veces en la vida de personas que ni siquiera creen en él; o quizá hasta reniegan de él. Nadie le puede decir a Dios lo que debe hacer, o pedirle cuentas de lo que hace, porque él es dueño de hacer lo que él quiera; tal como nosotros somos, y que también podemos ayudar no solo a nuestros hijos, sino a cualquier persona, y por cualquier motivo; y si por alguna razón decidimos no hacerlo, pensamos que somos completamente libres de haber tomado esa decisión. Así actúa Dios, y nosotros fuimos hechos a su imagen, por lo tanto actuamos, bajo ese mismo espejo de conducta.
Lo que puedo contestarle a la persona que me envió esta pregunta, es que si bien Dios tiene un plan para cada ser humano, y ese plan, que dicho sea de paso es eterno, no tiene mucho que ver con él en nuestro paso por este mundo, a no ser de que el hombre decida voluntaria y libremente depender de Dios en este mundo; entonces por supuesto, todo lo que le suceda a ese hombre será responsabilidad de Dios. Pero aquí debemos tomar en cuenta dos cosas: Primeramente que de todas maneras el hombre sigue siendo libre, y puede en cualquier momento decidir dejar de depender de Dios, así como también puede decidir seguir dependiendo de él toda su vida. Por otro lado, tenemos que estar conscientes que depender de Dios puede justamente significar que él nos use para dar testimonio a otros, para demostrar qué tanto amor tiene por la humanidad, y qué tan dispuesto esta a perdonar nuestras maldades; y en ese cometido, es posible que la persona utilizada por Dios tenga que pasar por momento difíciles, de dolor o sufrimiento y quizá hasta entregar su vida como testimonio de fidelidad. Veamos eso en una sola mirada a la vida de Jesús: Sufrió, pasó necesidades, fue rechazado, y murió a manos de hombres pecadores; y aún en la cruz, pidió perdón por ellos al Padre. Y si a nosotros no nos impacta la vida y pasión de Jesús, es probable que Dios tenga que seguir usando a sus hijos para impactar a las personas, quizá tenga que usar a nuestros familiares cercanos, quizá nosotros mismo tengamos que pasar por el valle de sombra y de muerte, para ser impactados por su amor, y así tener oportunidad de demostrar no solo a él, sino también a los demás, que tamaña fe tenemos y que determinación de seguir la senda que Jesús nos trazó; muchas veces es la única forma de poder entender su plan y tener la certeza de que todo esto sucede porque nos ama, porque desea tener comunión con nosotros y desea un día estar con nosotros. Las personas que están bajo la voluntad de Dios lo entienden perfectamente y se gozan en ello, pero es probable que las personas que no viven bajo esa voluntad sino que viven bajo su propia voluntad, solo vean que Dios finalmente no es tan bueno como muchos lo predican y que de todas maneras no ha tenido un buen plan para ellos. Como siempre espero que estas meditaciones, le lleven al convencimiento de que nuestro amoroso Dios, está pendiente y deseoso de tener comunión con cada ser humano, él desea bendecirnos y perdonar todas nuestras iniquidades, pero si algo de eso no sucede, no es por él, es por nosotros.
Que Dios les bendiga mucho. Amén.
19 de julio de 2012
Señor… ¿Por qué les suceden situaciones adversas a los que se allegan a la Iglesia?,..... Eso me atemoriza.
Pablo era un hombre exitoso, tenía muy buena posición, tanto social como económica dentro de la sociedad en que vivía; sus amigos y familiares estaban dentro de la clase privilegiada judía, aquella que gozaba no solo de un buen nivel económico, sino también de buenas influencias dentro del pueblo judío y también dentro del gobierno romano. En el campo religioso él era un hombre destacado, que estaba haciendo aquello que creía de todo corazón, aquello que le habían enseñado sus padres y maestros; y por la forma en que pensaba y actuaba, cumplía fielmente con sus obligaciones frente a Dios. Eso, en algunos casos significaba defender lo que creía de una manera muy directa, firme y en completa consonancia con la clase dirigencial de su religión. Cuando las cosas se pusieron un tanto ácidas, por la aparición de nuevos liderazgos y la predicación de nuevas corrientes de pensamiento con respecto a Dios, su iglesia o su sector, decidió defender su posición aún con la amenaza, la persecución y muerte de algunos que estaban enredando la cuestión. Pablo estaba allí luchando también contra eso, persiguiendo gente desviada, entregándola para ser echada en la cárcel, porque creía que esa era su obligación. Pero un día, camino de Damasco y con motivo de perseguir a los que consideraba desviados de la verdadera doctrina, Pablo se encontró con Jesús, y aunque solo escucho su voz y vio una potente luz, debemos decir que la voz fue perfectamente audible, pues la escucharon también algunos que viajaban con él, y por medio de esa voz, Jesús hizo contacto con él; (Hechos 9:1-19, 22:6-16, 26:12-18) y desde ese momento Pablo supo con certeza que lo que estaba haciendo estaba completamente errado. Decidió cambiarse de iglesia, desde ahora pertenecería a la iglesia de ‘El camino’ a la cual también pertenecían los desviados que había estado persiguiendo. Y, como dice y piensa nuestro amigo que nos envió esta pregunta, el hombre de la historia o sea Pablo de Tarso, empezó a tener múltiples problemas; su familia, por supuesto lo rechazó de plano, se avergonzaban de él; sus amigos ahora eran sus enemigos, pues como las cosas se habían puesto tan calientes, y las diferencias se estaban transando a golpes, apedreamientos, y cárcel, él al pertenecer al bando opuesto, tuvo que sufrir las consecuencias de su decisión. Para qué podríamos hablar de su situación económica, él tuvo que dejar todos sus negocios, y ahora solo huía. Muchas veces estuvo en la cárcel, otras tantas veces, en peligros de muerte, cinco veces fue azotado por los judíos con el máximo nivel de crueldad, esto es, con cuarenta azotes menos uno; tres veces fue azotado con varas, otra clase de castigo muy doloroso y cruel; una vez ha sido apedreado, salvándose de la muerte solo por milagro; tres veces ha padecido naufragio; ha estado muchas veces huyendo por caminos desconocidos e inseguros, en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de su nación, peligros de los gentiles, quienes también lo perseguían y atacaban, ha estado en peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; ha tenido que vivir en trabajo duro y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez. (2Co 11:24-27) Pablo, después de decidir seguir a Jesús, no solo sufría por lo que le hacían a él, sino también por lo que sufrían los demás perseguidos, pues su manera de ser y de pensar habían cambiado, sus sentimientos ahora eran diferentes, y estaba como obligado a sufrir dolor y tristeza por las cosas que sufrían sus hermanos en la fe; Pablo ya no podía defenderse con golpes como antes, ahora sentía que la ley del ‘Ojo por ojo, diente por diente’ ya no era para él, ahora él había entendido que debía perdonar a sus enemigos y debía orar por ellos.
Realmente, si lo vemos por ese lado, y quizá es lo que hace el amigo que nos ha hecho esta pregunta, podríamos preguntarnos: ¿valía la pena que Pablo se cambiara de religión?, o ¿de qué le sirvió a Pablo seguir la religión de Cristo? Nuestro amigo no está muy equivocado al pensar que a los que se allegan a la iglesia de Cristo, le empiezan a suceder situaciones adversas; aunque, en nuestro tiempo, no son cosas tan críticas como las que sufrió Pablo, pero sí, de todas maneras hay un desacomodo en cada vida cotidiana que se entrega al camino del Señor. Sin embargo debemos aclarar que esta no es una regla, o sea no es que seguir a Cristo sea sinónimo de sufrimiento, porque también es posible que la gente cambie su situación para el ‘estar mejor’, para el recuperar su salud, para el tener una mejor convivencia familiar, y muchas cosas como esas. Lo que podríamos decir que sucede, y esto con cierta lógica, es que la gente que está bien es este mundo, materialmente hablando, puede llegar a sentir incomodidad o quizá llegue a experimentar sufrimiento; pero aquellos que están en la miseria y el sufrimiento, podrían experimentar todo lo contrario al acercarse a Cristo. En la Biblia, Pablo no es el único que tiene un vuelco hacia el sufrimiento, y son muy pocos los casos en que, a los que siguen a Cristo les comienza a ir muy bien. Casi todos los que han decidido seguir a Cristo tuvieron que tener un vuelco hacia la incomodidad y el sufrimiento; ellos, y por la situación que se dio en ese tiempo, forzosamente tuvieron que pasar por penas y dificultades, estrecheces y persecuciones y porque no decirlo, hasta llegar a perder la vida por esta causa; pero si hasta el mismo Cristo, nuestro Señor, del cual usted puede revisar su vida muy ampliamente en los evangelios, todo lo que le sucedió fue adverso, a tal grado que tuvo que morir enfrentando las dificultades y contradicciones.
Hoy en día, hay mucha predicación que nos entrega un mensaje que dice todo lo contrario, mucha gente presenta el mensaje de Cristo como sinónimo de bienestar, de prosperidad, de convivencia armónica, etc.; en definitiva, es un mensaje animador, algo que invita a entrar en la religión de Cristo pensando en esa idea; pero la gente que decide seguir este camino, en la mayoría de los casos se encuentra con que eso que decía el mensaje, no está precisamente en la iglesia, y aunque lo busca y trata de convencerse que algo de eso hay, muchos acaban fuera de la iglesia y completamente decepcionados, y algunos hasta se sienten engañados, sirviendo estos de testimonio de que lo que se predica en las iglesias evangélicas, no es cierto. Podríamos decir que esa es una de las primeras barreras que impide a la iglesia de hoy, crecer como creció en los días de Pablo, porque la gente en los días de Pablo, no se unió a la iglesia, por el interés de estar mejor, si no casi consciente de que le iría peor, materialmente hablando; pero lo que les interesaba era estar con Cristo, sentir su presencia, transitar por el camino de la verdad, estar en la verdadera religión, aquella que ofrece la vida eterna.
Desde el punto de vista humano, diríamos que está garantizado que aquél que decide seguir a Cristo, tendrá que sufrir y padecer, y no es porque así piense yo, sino que, Cristo mismo lo advirtió con estas palabras: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn 16:33); y este es uno de los versículos más suaves que nos hablan de la adversidad que le espera al verdadero cristiano, pero Jesús fue muy sincero cuando nos dijo eso, porque eso es lo que podemos ver que le ha pasado a mucha gente que se menciona en la Biblia, y ¿Por qué nosotros tendríamos que tener un destino diferente? Acaso, ¿no serían para nosotros también esas palabras?
Ahora bien, todo esto que hemos venido comentando y como ya lo hemos dicho, es el punto de vista netamente humano, o sea a nosotros como seres humanos y terrenales, no nos parece muy atrayente seguir a Cristo, porque no nos gusta ir de mal en peor, nadie quiere así por así someterse voluntariamente a una situación conflictiva; pero debemos pensar que hay otro punto de vista desde el cual también podemos ver las cosas, y este es el punto de vista de Dios. Y, desde el punto de vista de Dios, las cosas físicas o las situaciones no cambian, esto quiere decir que el sufrimiento, la estrechez económica, la enfermedad o cualquier otro sufrimiento, seguramente van a continuar ahí; pero la percepción y la motivación que recibimos al seguir a Cristo no es la misma. Voy a explicarlo: Desde el punto de vista de Dios, el hombre que verdaderamente decide seguir a Cristo, lo hace por varias razones, a saber: Primero, porque comprende que la vida que tenemos en este mundo, no es la única opción; si no que, Jesús nos mostró el verdadero y real camino, y ese camino es: vida en este mundo para encontrar a Dios, luego la muerte en Cristo, y la resurrección para vida eterna. Entonces, cuando el hombre entiende que tiene esa opción, las cosas que pasan aquí en este mundo, pierden mucho de su relevancia, haciendo que a cada ser humano que decide seguir a Cristo, le empiece a interesar otro objetivo mayor como es el de alcanzar la vida eterna; porque al mismo tiempo que entiende eso, entiende otra de las razones por las que vale la pena seguir a Cristo, entiende que no seguir a Cristo, encierra realmente un grave peligro, como es el de ir a parar a un lugar terrible de castigo; la biblia dice al respecto: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn 3:36) Desde el punto de vista de Dios, cuando se decide seguir a Cristo, no lo hacemos por el mero interés de estar mejor en este mundo, sino con la idea de alcanzar esa promesa de eternidad junto a él, más no debemos ver que el castigo de Dios, es como un medio por el cual el hombre está casi obligado a seguir a Cristo, porque si hay algo de lo cual el hombre es completamente libre es justamente de su elección, el hombre puede elegir amar a Dios o puede elegir lo contrario, sin embargo Dios si se ha preocupado de entregarle este panorama del futuro a cada hombre, o sea el hombre si elige estar contra Dios, lo elige libremente pero también consciente de lo que le sucederá más allá de esta vida; porque aquí hay otra razón de la cual nos olvidamos fácilmente y es el hecho de que hemos sido hechos a la imagen de Dios, lo que significa en uno de sus aspectos, que somos eternos; y aquí llegamos a descubrir y preguntarnos ¿Dónde pasaremos esa eternidad? Es evidente que el hombre en cierta manera ya tiene una vida eterna, pero donde pasará esa eternidad, esa debiera ser la pregunta que debería hacerse todo ser humano, y una de las opciones que tiene es pasar junto a su Dios gozando de felicidad, pero también se podría elegir voluntariamente pasar esa eternidad en un lugar de castigo eterno.
Ahora deseo que pensemos en otra razón importante que nos lleva a elegir el camino de Cristo, y que tiene que ver con estos dos puntos de vista, el terrenal y el celestial o sea el estar bien o estar mal en este mundo: ¿Cómo, podríamos demostrarle verdadera fidelidad a Dios? Veamos una ilustración: Si un hombre vive en riqueza, juventud y salud, lo más probable es que muchas mujeres le digan y hagan muchas cosas para demostrar que le aman y que desean vivir junto a él, pero si esa persona, pierde todo lo que tenía, incluso su salud, y aún así alguna mujer continúa a su lado, para ayudarle y acompañarle, ella sí demostrará que verdaderamente le ama ¿verdad? Así es como nos sucede a nosotros, no podríamos demostrar a Dios, que le amamos en las buenas y en las malas, si de ninguna manera queremos estar en las malas junto a él; por lo tanto para el hombre que decide seguir a Cristo, las dificultades, dejan de ser una carga y un dolor, y quizá hasta haya alguien incluso que comience a considerar aquello como una bendición, de lo contrario, ¿cómo podríamos entender estos versículos? “gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración” (Rom 12:12); “Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos” (Heb 10:34); “Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo” (1 Tes 1:6).
Desde el punto de vista de Dios, podemos ver claramente que todas las cosas que suceden en este mundo, pasan a ser positivas; bueno como humanos ya sabemos que cosas son buenas, así que éstas pueden seguir siéndolo; pero aquellas que sabemos que son malas, pueden convertirse en buenas y las llegaremos a vivir con paz y alegría. Por ejemplo si alguien se enferma, podría llegar a experimentar el poder de Dios en la sanidad, y eso le hará sentirse mucho más seguro de su fe, porque si nunca se enferma, no tendría ninguna posibilidad de experimentar esa bendición ¿verdad? Ahora si esa persona no sana, es probable que en ese estado, y con su fe firme, pueda convertir a algunos de sus familiares o amigos, porque ellos al comprobar su fe, su paz y tranquilidad, aún en los días cercanos a la muerte, quizá lleguen a convencerse de cuán bueno es seguir a Cristo, porque nadie puede conseguir paz en medio de la tribulación, si no es junto a Cristo Jesús. Y por último si esa persona se llegara a morir, él morirá muy tranquilo, sabiendo que nada malo le espera, mas al contrario le espera una vida maravillosa junto a su Dios, ¿Cuál podría ser el motivo de su tristeza? ¿Quién podrá quitarle su gozo? La Biblia nos enseña esto así: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual —dice Pablo— estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom 8:35-39)
Cuando se ven las cosas desde el punto de vista de Dios, en muchos casos, por no decir en todos, se ve que el estar bien en este mundo, el tener bienes materiales, buena salud, y muchas cosas que nosotros consideramos buenas, ellas pueden llegar a ser un peligro para el ser humano. Y, ¿Cuál es la razón para decir eso? Pareciera que esa respuesta debemos sacarla mirando a nuestro alrededor, pues la gente que tiene riquezas y felicidad en este mundo, vemos como deja de interesarle el mundo venidero, por lo que se le hace muy difícil seguir a Cristo, pero si el hombre sufre y llora en este mundo, casi podríamos decir que tiene asegurado que descubrirá a su Dios y le seguirá con alegría. Esta no es una estrategia de Dios para hacer que el hombre le busque, sino que es una muestra de cuán malos y absurdos somos nosotros los seres humanos. Jesús graficó esto en algunas de sus enseñanzas: “… pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!” (Mar 10:24) “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;
sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt 6:19-21) “Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (mar 4:18-19)
Entonces vamos a concluir este pequeño artículo, diciendo que el estar bien o tener bienes o ausencia de sufrimiento en este mundo, podría ser una especie de trampa para el hombre por medio de la cual, nunca podríamos encontrar a Dios; pero Dios no nos ha puesto como condición el ser sufrientes o pobres para poder aceptarnos, sino que esa es una condición netamente humana. Sin embargo deseo dejar bien en claro que el no buscar a Dios, el no encontrarlo y el no seguirlo, es una garantía de que iremos a parar a un lugar de castigo eterno, el cual la biblia le llama ‘el infierno’ Puede ser que el seguir o no seguir a Dios en este mundo, parezca algo trivial y sin importancia; pero debemos estar conscientes de que traerá grandes consecuencias en el mundo venidero. Y, para aquellos que no han probado del amor de Dios, quiero decir que el seguir a Cristo trae las más grandes bendiciones que el hombre pudiera encontrar, porque eso de vivir en paz y tranquilidad, aún en los días de tribulación, eso de enfrentar la muerte casi con una cierta alegría, no se puede conseguir en ninguna parte, no hay dinero que eso lo pueda comprar, solo lo hace la fe de aquellos que están seguros de su destino en la eternidad. Pero después de tenerlo todo en este mundo, y llegar a la muerte en medio de la desesperación e incertidumbre, creo que es una de las cosas más terribles a las que el hombre se somete voluntariamente.
Le quiero decir a mi amigo, al que me envió esta pregunta, que no está muy equivocado en su apreciación de lo que le pasa a las personas cuando deciden seguir a Cristo, pero quiero aclararle que eso no es el deseo de Dios ni es una especie de castigo para aceptarlo como hijo, aunque bien podríamos merecerlo; sino que esa sensación que tenemos de castigo y sufrimiento, es fruto de nuestro apego al mundo, a lo terrenal, nosotros estamos tan acostumbrados a valorar todo en relación a lo que pasa aquí en la tierra, que nos parece muy difícil y doloroso aceptar el perder o retroceder en muchos aspectos, hasta llegar a aceptar que muchas de esas cosas que amamos tanto no las necesitamos, y que alguna perdida o sufrimiento nos pueden traer acaso un bien, como es el de reforzar la fe en Cristo; la cual no es fácil encontrar y cultivar. Por lo tanto el desacomodarnos en este mundo es casi la única manera de encontrar el camino de la fe en Cristo Jesús, por lo que más valioso es, que nos desacomodemos ¡YA!, y ahora, a que pensemos hacerlo en el futuro, pues puede suceder que eso nunca lo hagamos. Reciban ustedes muy ricas bendiciones de parte de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.
Realmente, si lo vemos por ese lado, y quizá es lo que hace el amigo que nos ha hecho esta pregunta, podríamos preguntarnos: ¿valía la pena que Pablo se cambiara de religión?, o ¿de qué le sirvió a Pablo seguir la religión de Cristo? Nuestro amigo no está muy equivocado al pensar que a los que se allegan a la iglesia de Cristo, le empiezan a suceder situaciones adversas; aunque, en nuestro tiempo, no son cosas tan críticas como las que sufrió Pablo, pero sí, de todas maneras hay un desacomodo en cada vida cotidiana que se entrega al camino del Señor. Sin embargo debemos aclarar que esta no es una regla, o sea no es que seguir a Cristo sea sinónimo de sufrimiento, porque también es posible que la gente cambie su situación para el ‘estar mejor’, para el recuperar su salud, para el tener una mejor convivencia familiar, y muchas cosas como esas. Lo que podríamos decir que sucede, y esto con cierta lógica, es que la gente que está bien es este mundo, materialmente hablando, puede llegar a sentir incomodidad o quizá llegue a experimentar sufrimiento; pero aquellos que están en la miseria y el sufrimiento, podrían experimentar todo lo contrario al acercarse a Cristo. En la Biblia, Pablo no es el único que tiene un vuelco hacia el sufrimiento, y son muy pocos los casos en que, a los que siguen a Cristo les comienza a ir muy bien. Casi todos los que han decidido seguir a Cristo tuvieron que tener un vuelco hacia la incomodidad y el sufrimiento; ellos, y por la situación que se dio en ese tiempo, forzosamente tuvieron que pasar por penas y dificultades, estrecheces y persecuciones y porque no decirlo, hasta llegar a perder la vida por esta causa; pero si hasta el mismo Cristo, nuestro Señor, del cual usted puede revisar su vida muy ampliamente en los evangelios, todo lo que le sucedió fue adverso, a tal grado que tuvo que morir enfrentando las dificultades y contradicciones.
Hoy en día, hay mucha predicación que nos entrega un mensaje que dice todo lo contrario, mucha gente presenta el mensaje de Cristo como sinónimo de bienestar, de prosperidad, de convivencia armónica, etc.; en definitiva, es un mensaje animador, algo que invita a entrar en la religión de Cristo pensando en esa idea; pero la gente que decide seguir este camino, en la mayoría de los casos se encuentra con que eso que decía el mensaje, no está precisamente en la iglesia, y aunque lo busca y trata de convencerse que algo de eso hay, muchos acaban fuera de la iglesia y completamente decepcionados, y algunos hasta se sienten engañados, sirviendo estos de testimonio de que lo que se predica en las iglesias evangélicas, no es cierto. Podríamos decir que esa es una de las primeras barreras que impide a la iglesia de hoy, crecer como creció en los días de Pablo, porque la gente en los días de Pablo, no se unió a la iglesia, por el interés de estar mejor, si no casi consciente de que le iría peor, materialmente hablando; pero lo que les interesaba era estar con Cristo, sentir su presencia, transitar por el camino de la verdad, estar en la verdadera religión, aquella que ofrece la vida eterna.
Desde el punto de vista humano, diríamos que está garantizado que aquél que decide seguir a Cristo, tendrá que sufrir y padecer, y no es porque así piense yo, sino que, Cristo mismo lo advirtió con estas palabras: “En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo” (Jn 16:33); y este es uno de los versículos más suaves que nos hablan de la adversidad que le espera al verdadero cristiano, pero Jesús fue muy sincero cuando nos dijo eso, porque eso es lo que podemos ver que le ha pasado a mucha gente que se menciona en la Biblia, y ¿Por qué nosotros tendríamos que tener un destino diferente? Acaso, ¿no serían para nosotros también esas palabras?
Ahora bien, todo esto que hemos venido comentando y como ya lo hemos dicho, es el punto de vista netamente humano, o sea a nosotros como seres humanos y terrenales, no nos parece muy atrayente seguir a Cristo, porque no nos gusta ir de mal en peor, nadie quiere así por así someterse voluntariamente a una situación conflictiva; pero debemos pensar que hay otro punto de vista desde el cual también podemos ver las cosas, y este es el punto de vista de Dios. Y, desde el punto de vista de Dios, las cosas físicas o las situaciones no cambian, esto quiere decir que el sufrimiento, la estrechez económica, la enfermedad o cualquier otro sufrimiento, seguramente van a continuar ahí; pero la percepción y la motivación que recibimos al seguir a Cristo no es la misma. Voy a explicarlo: Desde el punto de vista de Dios, el hombre que verdaderamente decide seguir a Cristo, lo hace por varias razones, a saber: Primero, porque comprende que la vida que tenemos en este mundo, no es la única opción; si no que, Jesús nos mostró el verdadero y real camino, y ese camino es: vida en este mundo para encontrar a Dios, luego la muerte en Cristo, y la resurrección para vida eterna. Entonces, cuando el hombre entiende que tiene esa opción, las cosas que pasan aquí en este mundo, pierden mucho de su relevancia, haciendo que a cada ser humano que decide seguir a Cristo, le empiece a interesar otro objetivo mayor como es el de alcanzar la vida eterna; porque al mismo tiempo que entiende eso, entiende otra de las razones por las que vale la pena seguir a Cristo, entiende que no seguir a Cristo, encierra realmente un grave peligro, como es el de ir a parar a un lugar terrible de castigo; la biblia dice al respecto: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn 3:36) Desde el punto de vista de Dios, cuando se decide seguir a Cristo, no lo hacemos por el mero interés de estar mejor en este mundo, sino con la idea de alcanzar esa promesa de eternidad junto a él, más no debemos ver que el castigo de Dios, es como un medio por el cual el hombre está casi obligado a seguir a Cristo, porque si hay algo de lo cual el hombre es completamente libre es justamente de su elección, el hombre puede elegir amar a Dios o puede elegir lo contrario, sin embargo Dios si se ha preocupado de entregarle este panorama del futuro a cada hombre, o sea el hombre si elige estar contra Dios, lo elige libremente pero también consciente de lo que le sucederá más allá de esta vida; porque aquí hay otra razón de la cual nos olvidamos fácilmente y es el hecho de que hemos sido hechos a la imagen de Dios, lo que significa en uno de sus aspectos, que somos eternos; y aquí llegamos a descubrir y preguntarnos ¿Dónde pasaremos esa eternidad? Es evidente que el hombre en cierta manera ya tiene una vida eterna, pero donde pasará esa eternidad, esa debiera ser la pregunta que debería hacerse todo ser humano, y una de las opciones que tiene es pasar junto a su Dios gozando de felicidad, pero también se podría elegir voluntariamente pasar esa eternidad en un lugar de castigo eterno.
Ahora deseo que pensemos en otra razón importante que nos lleva a elegir el camino de Cristo, y que tiene que ver con estos dos puntos de vista, el terrenal y el celestial o sea el estar bien o estar mal en este mundo: ¿Cómo, podríamos demostrarle verdadera fidelidad a Dios? Veamos una ilustración: Si un hombre vive en riqueza, juventud y salud, lo más probable es que muchas mujeres le digan y hagan muchas cosas para demostrar que le aman y que desean vivir junto a él, pero si esa persona, pierde todo lo que tenía, incluso su salud, y aún así alguna mujer continúa a su lado, para ayudarle y acompañarle, ella sí demostrará que verdaderamente le ama ¿verdad? Así es como nos sucede a nosotros, no podríamos demostrar a Dios, que le amamos en las buenas y en las malas, si de ninguna manera queremos estar en las malas junto a él; por lo tanto para el hombre que decide seguir a Cristo, las dificultades, dejan de ser una carga y un dolor, y quizá hasta haya alguien incluso que comience a considerar aquello como una bendición, de lo contrario, ¿cómo podríamos entender estos versículos? “gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración” (Rom 12:12); “Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos” (Heb 10:34); “Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo” (1 Tes 1:6).
Desde el punto de vista de Dios, podemos ver claramente que todas las cosas que suceden en este mundo, pasan a ser positivas; bueno como humanos ya sabemos que cosas son buenas, así que éstas pueden seguir siéndolo; pero aquellas que sabemos que son malas, pueden convertirse en buenas y las llegaremos a vivir con paz y alegría. Por ejemplo si alguien se enferma, podría llegar a experimentar el poder de Dios en la sanidad, y eso le hará sentirse mucho más seguro de su fe, porque si nunca se enferma, no tendría ninguna posibilidad de experimentar esa bendición ¿verdad? Ahora si esa persona no sana, es probable que en ese estado, y con su fe firme, pueda convertir a algunos de sus familiares o amigos, porque ellos al comprobar su fe, su paz y tranquilidad, aún en los días cercanos a la muerte, quizá lleguen a convencerse de cuán bueno es seguir a Cristo, porque nadie puede conseguir paz en medio de la tribulación, si no es junto a Cristo Jesús. Y por último si esa persona se llegara a morir, él morirá muy tranquilo, sabiendo que nada malo le espera, mas al contrario le espera una vida maravillosa junto a su Dios, ¿Cuál podría ser el motivo de su tristeza? ¿Quién podrá quitarle su gozo? La Biblia nos enseña esto así: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual —dice Pablo— estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom 8:35-39)
Cuando se ven las cosas desde el punto de vista de Dios, en muchos casos, por no decir en todos, se ve que el estar bien en este mundo, el tener bienes materiales, buena salud, y muchas cosas que nosotros consideramos buenas, ellas pueden llegar a ser un peligro para el ser humano. Y, ¿Cuál es la razón para decir eso? Pareciera que esa respuesta debemos sacarla mirando a nuestro alrededor, pues la gente que tiene riquezas y felicidad en este mundo, vemos como deja de interesarle el mundo venidero, por lo que se le hace muy difícil seguir a Cristo, pero si el hombre sufre y llora en este mundo, casi podríamos decir que tiene asegurado que descubrirá a su Dios y le seguirá con alegría. Esta no es una estrategia de Dios para hacer que el hombre le busque, sino que es una muestra de cuán malos y absurdos somos nosotros los seres humanos. Jesús graficó esto en algunas de sus enseñanzas: “… pero Jesús, respondiendo, volvió a decirles: Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!” (Mar 10:24) “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan;
sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt 6:19-21) “Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (mar 4:18-19)
Entonces vamos a concluir este pequeño artículo, diciendo que el estar bien o tener bienes o ausencia de sufrimiento en este mundo, podría ser una especie de trampa para el hombre por medio de la cual, nunca podríamos encontrar a Dios; pero Dios no nos ha puesto como condición el ser sufrientes o pobres para poder aceptarnos, sino que esa es una condición netamente humana. Sin embargo deseo dejar bien en claro que el no buscar a Dios, el no encontrarlo y el no seguirlo, es una garantía de que iremos a parar a un lugar de castigo eterno, el cual la biblia le llama ‘el infierno’ Puede ser que el seguir o no seguir a Dios en este mundo, parezca algo trivial y sin importancia; pero debemos estar conscientes de que traerá grandes consecuencias en el mundo venidero. Y, para aquellos que no han probado del amor de Dios, quiero decir que el seguir a Cristo trae las más grandes bendiciones que el hombre pudiera encontrar, porque eso de vivir en paz y tranquilidad, aún en los días de tribulación, eso de enfrentar la muerte casi con una cierta alegría, no se puede conseguir en ninguna parte, no hay dinero que eso lo pueda comprar, solo lo hace la fe de aquellos que están seguros de su destino en la eternidad. Pero después de tenerlo todo en este mundo, y llegar a la muerte en medio de la desesperación e incertidumbre, creo que es una de las cosas más terribles a las que el hombre se somete voluntariamente.
Le quiero decir a mi amigo, al que me envió esta pregunta, que no está muy equivocado en su apreciación de lo que le pasa a las personas cuando deciden seguir a Cristo, pero quiero aclararle que eso no es el deseo de Dios ni es una especie de castigo para aceptarlo como hijo, aunque bien podríamos merecerlo; sino que esa sensación que tenemos de castigo y sufrimiento, es fruto de nuestro apego al mundo, a lo terrenal, nosotros estamos tan acostumbrados a valorar todo en relación a lo que pasa aquí en la tierra, que nos parece muy difícil y doloroso aceptar el perder o retroceder en muchos aspectos, hasta llegar a aceptar que muchas de esas cosas que amamos tanto no las necesitamos, y que alguna perdida o sufrimiento nos pueden traer acaso un bien, como es el de reforzar la fe en Cristo; la cual no es fácil encontrar y cultivar. Por lo tanto el desacomodarnos en este mundo es casi la única manera de encontrar el camino de la fe en Cristo Jesús, por lo que más valioso es, que nos desacomodemos ¡YA!, y ahora, a que pensemos hacerlo en el futuro, pues puede suceder que eso nunca lo hagamos. Reciban ustedes muy ricas bendiciones de parte de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Amén.
24 de enero de 2012
Señor, ¿Por qué hay tantas religiones?
El sentido religioso del ser humano ha existido desde siempre, porque desde el principio el hombre ha estado relacionado con Dios; sabemos que Adán tenía plena comunión con él, al menos en el tiempo en que Adán estuvo en el paraíso. Luego del diluvio, Noé y su familia, quienes eran temerosos de Dios, y de quienes desciende toda la humanidad hoy conocida, también trasmitió ese sentido de religiosidad a los pos-diluvianos.
Una de las razones para que haya varias religiones en todo pueblo o tribu de la antigüedad, es precisamente esta, que el hombre siempre supo que existía un Dios; y ese conocimiento fue transmitido de generación en generación, y la gente de la antigüedad lo buscó, o lo invocó cada vez que necesitaba ser favorecido en sus necesidades, cada vez que se llenaba de temores o tenía enfermedades u otros problemas. Por razones que más adelante explicaremos, el conocimiento a cerca de Dios, se fue degenerando, el hombre cada vez fue creándose dioses nuevos, algunas veces pensando que era el mismo Dios verdadero, pero representado en algún símbolo, un animal o alguna otra cosa; otras veces, simplemente porque le parecía que otras formas de adorar u otros dioses, también le daban buenos resultados; es así como algunos terminaron adorando a la tierra, otros al sol, a los ríos, a los bosques, a fieras, a seres espirituales, y a muchas otras cosas. Pero se han hecho algunos estudios antropológicos cuidadosos, que indican claramente que en la mayoría de los pueblos antiguos, siempre hubo un Dios único que vivía o estaba relacionado con los cielos. Es posible que ese Dios único haya pasado en algunos casos, a ser de muy poca importancia, o que en otros y por diversas razones no era invocado, pero de alguna manera, siempre estuvo allí para los pueblos antiguos, ese Dios único y verdadero.
Con el tiempo, y con la expansión del mundo habitado, las creencias o religiones tribales, aun continúan, pero así como han disminuido las tribus y pueblos pequeños y ancestrales, también han dejado de tener importancia sus religiones. Algunas de ellas, por supuesto se mezclaron con los conceptos más modernos de adoración, y así nacieron las grandes religiones, como las religiones orientales, de las cuales las más importantes son el budismo, el hinduismo, el taoísmo, el confucianismo, el sintoísmo, etc., que dependiendo de los países y grupos modernos, tienen diferentes matices y la mayoría de ellas son de corte panteísta; vale decir que para estas religiones, muchas cosas pueden ser dios, o dios se puede expresar en diferentes maneras a través de muchos medios, por lo tanto son politeístas, o sea que tienen muchos dioses. Las religiones orientales no tienen casi ninguna relación con Cristo, o con el Dios de la Biblia. Luego, tenemos algunas religiones monoteístas, que promueven que hay un solo Dios verdadero y que de alguna manera podrían tener relación con el Dios de la Biblia, aunque ese dios único puede tener otro nombre, y cuyos principios religiosos no están basados en las escrituras bíblicas; pero dentro de su esencia, estas religiones contienen algo de lo que promueve el cristianismo. Dentro de estas religiones podemos citar al bahaísmo, el sijismo, el zoroastrismo, el islamismo, etc. Finalmente llegamos a las dos religiones importantes que sí tienen relación con las escrituras bíblicas, las cuales son el judaísmo y el cristianismo. El judaísmo, que dentro de su estructura tiene algunas variantes, referidas principalmente a la forma de seguir e interpretar las escrituras antiguas; y, entre esas variantes o grupos están los ortodoxos, los conservadores, los reformistas, e incluso están los judíos mesiánicos que aceptan a Jesús como el Mesías Salvador, y quienes no son reconocidos como judíos dentro del pueblo de Israel. Así también tenemos al pueblo cristiano, dividido en muchas religiones o en muchos grupos religiosos. La iglesia apostólica original, la que se inició con los apóstoles de Jesús, y que se expandió gracias al trabajo del apóstol Pablo; con el tiempo se paganizó, aceptando dentro de sus ritos y creencias, algunas costumbres y conceptos paganos, algunos piensan que eso es justificable, otros decididamente condenan esas actividades, pero lo cierto es que la iglesia, cuando se hizo universal o católica, perdió la esencia, la estructura y la enseñanza original de los primeros seguidores de Cristo y continuó siendo cada vez un poco más distante de aquella idea original. La iglesia católica del tiempo antiguo también sufrió una división junto con el imperio romano; hubo, y hay hasta ahora, la iglesia católica romana, y la iglesia católica ortodoxa de oriente, que tiene mucha fuerza en Europa del este. De la iglesia católica de occidente, nace el protestantismo, que es un esfuerzo de algunos grupos, o individuos, de volver a las raíces originales, vale decir de ceñirse estrictamente a lo que dicen las escrituras y a imitar a los primeros seguidores de Cristo. Este movimiento se llamó el protestantismo, que tiene como baluarte a Martin Lutero; y que, tal como en la iglesia primitiva, tuvo desde el principio algunos problemas de división, de introducción de falsos conceptos o doctrinas y otras dificultades, a tal grado que hoy, no solo hay muchas denominaciones o religiones protestantes, sino que hay hasta algunas sectas que nacieron directamente del protestantismo, haciéndole perder su fuerza y su objetividad. Algunos grupos protestantes, mantienen mucho celo y apego a lo que dicen las escrituras, pero hay otros que por otros intereses, se han apartado del verdadero camino, y son los que hacen el trabajo de restarle credibilidad al mensaje de Cristo.
Pero… la pregunta era: ¿Por qué hay tantas religiones?
La primera religión falsa, nació allá en el Edén. Cuando Eva, escuchó la voz de la serpiente, pero que en realidad no era la serpiente, sino que era Satanás mismo, entonces ella y también Adán, tuvieron la ocurrencia de creer aquello que escucharon, y pensaron que Dios podría estar ocultando algún secreto, y podría estar manipulando sus vidas, para retenerlos dentro de algún modo de vivir o conducta que no era precisamente la mejor. Recordemos el diálogo aquel, entre la serpiente y nuestra madre Eva:
La serpiente dijo a la mujer: —¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?—
Y la mujer respondió a la serpiente: —Del fruto de los árboles del huerto podemos comer;
pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis—.
Entonces la serpiente dijo a la mujer: —No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal—.
Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto…
Hay dos razones por las que el hombre tiene muchas religiones.
La primera razón se refiere a su egoísmo, su rebeldía y su falta de temor de Dios. Eva por lo que dejan entrever las escrituras, ya anduvo merodeando por el sector del árbol prohibido, y con seguridad, ya estaba haciéndose algunas preguntas como ¿Qué pasaría si llego a comer de esos frutos? ¿Cuál es la razón para que estén prohibidos? ¿Por qué se llama ‘árbol de la ciencia, del bien y del mal’? ¿Si es un árbol malo, porque lo puso Dios ahí, si él es bueno? ¿Nos oculta algo Dios?, etc., etc. Al poseer Eva, tal estado de ánimo y, cuando escuchó la voz, confirmándole que no moriría y que llegaría a ser como Dios, ella no tuvo absolutamente ningún inconveniente en creer y aceptar aquello, porque eso daba un poco de razón a sus preguntas y a sus deseos. Ella pensó que podría descubrir algo nuevo, que quizá al llegar a ser igual que Dios, ya no tendría que estar de alguna manera sometida a la voluntad de él, sino que sería dueña de su propia voluntad; ella conocería lo que es bueno y lo que es malo, y que dadas las circunstancias, debería ser bueno conocer aquello, porque de no ser así, Dios no lo habría ocultado a ellos; y quizá junto con esto, ella descubriría nuevas y mejores formas de vivir, etc., etc., y fíjese bien, Eva en muchas de estas cosas no estuvo equivocada y logró sus objetivos. Pero, tal como le pasó a Eva, el hombre a través de los tiempos, siempre ha buscado repuestas concretas a sus interrogantes, él desea develar todo misterio y todo aquello que no es explicable, el hombre siempre piensa que gracias a su inteligencia y a su capacidad, algún día logrará vivir mejor, y en algún lugar ideal, que ni siquiera Dios ha sido capaz de proporcionarle, y tantas cosas como esas; y así como a Eva, en la mayoría de los casos, el hombre ha logrado en parte sus objetivos. Observemos nuevamente a Eva; ella y su esposo, conocieron lo que era bueno y lo que era malo, y en ese sentido, sí lograron su objetivo, tal como Satanás se los había dicho; pero ese conocimiento, lejos de solucionarle un problema o lejos de traerle beneficio, le creó un problema, pues ahora sabía por ejemplo que estar desnudo no era bueno, y no solo sentía vergüenza de su desnudez, sino que tuvo que ocultarse de la presencia de Dios, y esta misma acción lo delataba de su mala conducta, quizá sentía que había traicionado a Dios; ahora conocía el sentido de culpa, que antes de aquel momento nunca lo había sentido y nunca tuvo los inconvenientes que ahora tenía. Eva ahora tuvo un afán adicional, ella tenía que conseguir prendas adecuadas, para cubrir su desnudez y la de su marido; y para esa mente y para ese conocimiento, me refiero al que tenían Eva y su esposo, sí era un grave problema; ellos supieron inmediatamente que las hojas de higuera no eran una buena solución, y si no fuera porque la solución vino de Dios mismo, que los ayudó proporcionándoles unos vestidos de piel, ¡Qué problema se echaron encima!. Por otro lado, ella pensó que había descubierto una gran verdad: “No había tal peligro de muerte, al comer de los frutos del árbol prohibido”. Más con el tiempo se convenció de que había sido engañada, Satanás le habló de que no moriría en el momento, pero pasados cerca de mil años más tarde, Eva conoció la muerte, lo que nunca hubiera pasado, si no hubiese cometido ese tremendo error. Pienso que Eva, al darse cuenta de que toda su descendencia conocería la muerte, y que todo eso era por su culpa, realmente sufrió mucho. Pero nada de eso habría sucedido si ella, le habría creído a Dios, aun si las cosas que él le había dicho, parecieran intrigantes o inexplicables. Así, tal cual, le ha sucedido al hombre a través de los tiempos; el hombre busca respuestas a sus interrogantes, y hay veces que descubre cosas que le traen explicación a muchos de los misterios que tiene, pero el descubrir aquellas cosas, casi nunca le ha traído beneficios, y si en alguna forma le parece que esta mejor, no se da cuenta que muchas de esas cosas, le alejan de Dios, y en ese afán de ocultarse de él, cada vez inventa nuevos dioses y nuevas formas de tranquilizar su conciencia. Por eso el hombre tiene cada vez más dioses y tiene cada vez nuevas religiones, pero eso le mantiene muy ocupado y muy alejado del verdadero Dios, tal como Adán y Eva que finalmente tuvieron que salir del paraíso, y permanecer lejos de Dios.
La otra razón por la que el hombre tiene muchas religiones, también la podemos explicar con el pasaje del Edén. Se trata de Satanás, él siempre está presto a contestar a las interrogantes que tiene el hombre, a satisfacer sus anhelos y deseos aunque estos fueran prohibidos, a darles solución aparente a todos aquellos que dentro de su corazón ya decidieron alejarse de Dios, y buscar sus propios caminos. Satanás le enseña al hombre a llamar a lo bueno, malo; y a lo malo, bueno; y lo más terrible es que al hombre esa sugerencia le parece cuerda y con mucho sentido. No morirás, le dijo a Eva, cambiando el sentido del tiempo. No moriría en el instante, pero con el tiempo sí lo haría, sin pasar por decirle que Eva estando en el paraíso, ya era inmortal; aunque ella en esa inocencia que tenían los dos habitantes del Edén, no lo sabía, o no lo podía entender ni dimensionar bien. Pensó fácilmente que ‘NO MORIRÁS’, era de todas maneras mejor que lo que le había dicho Dios; ‘EL DÍA QUE DE ESE ÁRBOL COMIERES, CIERTAMENTE MORIRÁS’. Satanás también dijo: Sabe Dios que si comes de esa fruto serás igual que él. Otra verdad a medias, u otra mentira oculta. Cuando Adán y Eva, comieron del fruto prohibido, evidentemente conocieron el bien y el mal, y en ese sentido fueron igual que Dios, que siempre supo lo que es malo y lo que es bueno; pero Satanás no le dijo que conocer el bien y el mal, casi no le traería beneficios, sino mas bien dificultades; y no le dijo que ser igual a Dios en ese sentido, no lo es todo, porque Dios es muy grande y muy poderoso, y nadie puede de ninguna manera llegar a ser igual que él, en toda su dimensión. Satanás cuando dijo: ‘Sino que sabe Dios, que el día que de ese fruto comieres, serás igual que él’; presentó a Dios ante Adán y Eva, como un ser muy pequeño y vulnerable, obligado a recurrir a los secretos y misterios para no ser descubierto, y para que los demás no lleguen a ser como él o lo superen. Con esos pedacitos de verdad, Satanás logró apartar a la humanidad, completamente de Dios; porque como ellos casi comprobaron que todo lo que oyeron de la serpiente era verdad, por lo menos así pareció en ese momento, cuando Dios los enfrentó, ellos no reconocieron su error, sino que trataron de justificarse. Eva dijo, la serpiente me engaño, y Adán dijo, la mujer que tú me diste me dio y comí. Y así, Satanás continua hasta el día de hoy, actuando de esa manera, mostrándole al hombre pequeñas verdades, que a lo largo del tiempo traen aparente justificación frente a Dios por la conducta de los hombres, y también le trae aparente razón a todo lo que el hombre hace. La gente inventa una nueva religión, y cree que ha encontrado una mejor manera de expresar su devoción a Dios, cree que ha encontrado una mejor manera de interpretar a Dios y por lo tanto cree estar en mejores condiciones frente a Dios, y aunque algunas cosas pueden ser ciertas como en el caso de Eva, al conocer de verdad lo bueno y lo malo, el hombre no se da cuenta que aquello solo le aleja cada vez mas de Dios y que eso solo le trae dolor, cargo de conciencia, confusión y aflicción de espíritu. Satanás se ha hecho el propósito de apartar a la humanidad de su Dios y de alguna manera lo está consiguiendo, porque nosotros los hombres hemos caído en su trampa y le hemos creído sus medias verdades, y las hemos hecho verdades completa;, y lo que Dios nos dice, nos parece absurdo, anticuado, y muy básico. Yo creo que usted ha escuchado o leído a cerca de esas religiones que han empezado, con alguno por ahí, que dice que escuchó una voz, o que tuvo una visión, o que tuvo una revelación, y como esa persona dice que Dios le confirmó que está en la verdad, lo divulga, y no falta el que le cree, y quizá también de alguna forma participa de esas visiones o revelaciones, y se convence y dice que es verdad y así se van haciendo grandes esas religiones, y crecen, y finalmente luchan con tal fuerza, en contra de la verdadera religión, que hasta parece que tienen muchas más razones, que aquellos que predican la palabra de Dios. Así nacen todas las religiones falsas, con voces falsas, con visiones falsas, con encuentros de espíritus de demonio que se disfrazan como ángeles de luz, con revelación de medias verdades.
La Biblia dice enfáticamente: “Cuidarás de hacer todo lo que yo te mando; no añadirás a ello, ni de ello quitarás.” (Dt 12:32), y también dice: “No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso.” (Pr 30:6), y así también nuestro hermano Pablo de Tarso les escribió a los gálatas: “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea maldito.” (Gal 1:8). Por lo tanto, la verdadera religión, es aquella que sigue las escrituras, sin poner nada de lo que está en la mente del hombre. Aquella que a veces puede parecer anticuada, y poco efectiva, pero si así Dios lo dijo, los que siguen a Cristo, solo se limitan a creerlo con todo su corazón y con toda su mente; y esto quiere decir que nosotros podemos analizar lo que nos rodea, podemos pensar y discernir a cerca de lo que estamos haciendo, pero a la vez, nos remitimos al Espíritu de Dios para que seamos enseñados en lo que es verdadero y justo delante de Dios.
Espero haber contribuido en parte aunque sea a contestar esta pregunta, pues en realidad debo decirles que muchas de las cosas que preguntan ustedes mis queridos lectores, son realmente profundas y difíciles de responder en un párrafo tan corto como este. Pero hemos siempre tratado de ser concisos y llanos, tratando de lograr una respuesta adecuada para cada inquietud. Gracias por hacernos llegar estas preguntas, que sabemos que a muchos les animan, y les hacen perder todos sus temores, y les afirman en la fe; pues así como la persona que hizo esta pregunta, hay también muchos otros que piensan y se hacen las mismas interrogantes. Reciban un gran abrazo y que el Señor les bendiga mucho. Amén.
8 de enero de 2012
La Bilbia dice que Jesús eliminó el Pecado del mundo, entonces ¿Porqué aún hay pecado?
Hay muchos pasajes que pueden apoyar esta idea, algunos versículos específicos podrían ser los siguientes:
San Juan 1:29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Isaías 53:12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.
Hebreos 9:28 así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.
1 Pedro 2:24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
1 Juan 3:5 Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él.
Colosenses 2:13-15 Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.
Gálatas 1:3-4 Gracia y paz sean a vosotros, de Dios el Padre y de nuestro Señor Jesucristo, el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.
Tito 2:13-14 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.
Hebreos 1:2-3 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.
En realidad son interminables los pasajes que hablan de que Jesús nos limpio de todos nuestros pecados, podríamos decir que casi toda la Biblia es un mensaje en este sentido, “Jesús borró todas nuestras rebeliones y pecados con su muerte expiatoria en la cruz”
A simple examen de los pasajes uno podría pensar que tratan de la eliminación del pecado de este mundo, o mejor dicho el pecado de todas las personas que habitan este mundo; y si así lo entendemos, entonces por supuesto que surge la pregunta, tal como la plantea nuestro amigo: ¿Si Jesús quito ya los pecados de este mundo, entonces porque aún hay pecado o porque la gente sigue pecando? Trataremos de responder esta pregunta, lo más sencillamente posible, y sin entrar en análisis muy profundos, que finalmente nos traerían muy poco beneficio.
Cuando decimos que Jesús quitó los pecados del mundo, o mejor dicho cuando la Biblia dice eso, es como si dijéramos: ‘Cuando apareció el jabón en el mundo, se terminó la ropa sucia’ y esto sería verdadero, porque sabemos que el jabón saca toda la mugre de nuestras prendas; pero, por supuesto esto no es automático, debemos usar el jabón para conseguir esos resultados, y aquellos que no lo usan, pues, continúan teniendo ropa sucia en casa. Así, nosotros debemos usar a Jesús o debemos entregarnos a Jesús para poder ser limpios de nuestros pecados, y debemos hacerlo a propósito y voluntariamente, porque no es algo automático.
La acción limpiadora o detergente del jabón procede de una reacción química, que causa la modificación estructural de sus componentes, un álcali y un ácido graso; así también la acción limpiadora de Jesús, nos trae un cambio o modificación de nuestro ser, especialmente en referencia a nuestro proceder con respecto a Dios, no puede haber limpieza duradera si no hay un cambio de conducta, y esa acción transformadora de nuestras vidas la produce Jesús. Pero… ¿Cómo lo hace? Entrando ya a detallar esta acción, diremos que primeramente debemos reconocer que somos pecadores; así como alguien que decide lavar sus ropas, debe reconocer primero que están sucias, pues de lo contrario probablemente no las lave; alguien puede tener la ropa muy sucia, pero si él no acepta que eso es verdad, lo más probable es que no vea la necesidad de lavarlas. Así también sucede con nuestros pecados, si no reconocemos que hemos pecado frente a Jesús, ¿porque tendríamos que ser limpiados? Y Así como toda la gente que viste ropas desde hace algún tiempo, digamos un par de días, aunque no vea mucha suciedad en ellas, debería admitir que algo de suciedad se ha adherido a sus ropas, y por lo tanto para asegurarse de estar limpio, podría lavarlas; así, desde que nacemos, hemos tenido una vida frente a nuestro Dios, y no podríamos pensar que en ningún momento hemos cometido faltas; la Biblia nos asegura que todos hemos cometido faltas, y que por lo tanto todos debemos pedir perdón a Dios por esas faltas, ahí se cumple el primer paso, que es ver la necesidad de ser limpiados de nuestros pecados.
Luego, también tenemos que ver la necesidad de permanecer limpios, que se consigue permaneciendo junto a Jesús. Tal como las personas que deciden andar siempre limpias, tratarán todos los días de no andar por lugares donde se puedan ensuciar, tendrán el suficiente cuidado, y si en algún momento llegan a estar sucias, ellas irán rápidamente a lavar sus prendas; así sucede con Jesús, nosotros podríamos en algún momento cometer algún error, pero pedimos inmediatamente perdón por aquello, y como Jesús es bueno, él nos perdona inmediatamente, y además como él es omnisciente, él sabe perfectamente si nos ensuciamos por que fuimos descuidados o porque en realidad no se pudo evitar. Aquel que peca intencionalmente, posiblemente tenga muchas más dificultades en ser perdonado y en algunos casos quizá no lo será, pero en general él perdonará nuestras faltas.
Por lo tanto, es muy importante confesar nuestras faltas al Señor, para poder ser perdonados, y para poder confesarlas hay que reconocer que se han cometido esas faltas. La Biblia dice: “El que encubre sus pecados no prosperará, mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Pr 28:13), y también dice: “Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Ro 10:10). Ved entonces, cuán importante es acudir a Jesús, para poder ser limpios de nuestros pecados. Si todo el mundo lo hiciera, por supuesto que todo el mundo fuera limpio; y se cumpliría ese pensamiento que nos ha planteado nuestro amigo que nos envió esa pregunta; pero por lo menos nos queda claro, que Jesús nos dio la oportunidad de ser limpios de nuestros pecados a todos aquellos que así lo consideran y lo quieren, porque como dicen las escrituras: “El es quien perdona todas nuestras iniquidades, y el que sana todas nuestras dolencias” (Sal 103:3)
Esperamos estar pronto respondiendo a otra de las importantes preguntas que nos han hecho llegar nuestros lectores; a los que queremos decirles que no nos hemos olvidado de ellas, sino que simplemente, estamos trabajando en las respuestas. Que el Señor los bendiga mucho, y que tengan un muy buen año 2012. Amén.
23 de septiembre de 2011
Dios mio... ¿volveré a convivir con mi abuelito Bartolomé?
Esta también será la respuesta a otra de las preguntas que me enviaron mis amados lectores, y que decía: ¿Volveré a ver a mis seres queridos que ya partieron?
Pienso que de alguna forma, las personas que se plantean preguntas como estas, tienen la convicción de que hay vida más allá de la muerte, porque si el convencimiento fuera contrario, creo ni siquiera surgiría esta pregunta. Hay mucha gente que cree en la vida más allá de la muerte; hay gente que cree que las personas después de morir, se van a vivir a otros mundos que pueden ser mejores o peores que este, dependiendo de su comportamiento aquí en la tierra; otros creen que las personas se reencarnarán aquí mismo, pero serán mejores personas o peores, dependiendo de cómo haya sido su conducta aquí en este mundo; incluso algunos piensan que pueden reencarnarse como bestias, si es que fueron muy malas personas en su última vida terrenal. La enseñanza bíblica, también ha sido un tanto distorsionada, y muchos piensan que los humanos que mueren, derechamente se van a vivir al reino de los cielos, y pareciera que no interesa mucho el cómo haya sido su comportamiento aquí; otros aceptan que si no se han portado muy bien, irán a parar a algún lugar que se llama el purgatorio y allí corregirán o pagarán, por decir de alguna manera, ese comportamiento inadecuado que tuvieron y luego recién entrarán en el cielo.
La verdad, es que hay vida más allá de la muerte, y en ese punto me parece que no deberíamos tener mayores dificultades. Nosotros los cristianos sabemos que hay vida después de la muerte, por las enseñanzas que nos da la Biblia, y la mayor prueba de aquello es la resurrección de Jesús, su convivencia con sus discípulos durante cuarenta días después de resucitado, y su ascensión a los cielos; de donde también vendrá al final de los días de la tribulación, para juzgar a este mundo.
El punto de conflicto es quizá, el definir donde van a parar todos los que dejan este mundo mediante la muerte física. Aunque algunas enseñanzas, supuestamente son cristianas, me parece que no están diciendo la verdad; por ejemplo, la existencia del purgatorio no es una enseñanza registrada en la Biblia, y por lo tanto ese lugar no existe. Los que piensan que solo los buenos resucitarán, y que los malos, permanecerán muertos; o sea que con la muerte ya recibieron su paga y que por lo tanto ya dejaron de existir, también están equivocados porque eso no es lo que enseña la Biblia. Los que piensan que los que mueren, al menos si han sido buenos, se irán directamente a los cielos a vivir con Dios, también están equivocados; así como también lo están, aquellos que creen que los muertos intercederán ante Dios por nosotros, o que de alguna manera ellos adquieren un cierto poder para ayudarnos en nuestros problemas cotidianos. Entonces… ¿qué es lo que enseña la Biblia, a cerca de esto?
Transcribiré un pasaje, que nos da una enseñanza clara y muy directa sobre este asunto: “Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez. Había también un mendigo llamado Lázaro, que estaba echado a la puerta de aquél, lleno de llagas, y ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico; y aun los perros venían y le lamían las llagas. Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama.
Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá.
Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento.
Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos.
Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán.
Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levante de los muertos. (Lucas 16:19-31)
Veamos que enseñanzas nos deja este pasaje:
- Primeramente, nos confirma de que las personas, siguen vivas y completamente conscientes después de morir. Es obvio que no es una vida corpórea, sino espiritual; pero eso no quita que ellos piensen y sientan tal como lo hacían cuando tenían sus propios cuerpos.
- Nos enseña que, no todas las personas irán a parar al mismo lugar; aunque los lugares donde se encuentran están muy cercanos, son completamente diferentes.
- El rico no fue a parar al Hades, solo porque era rico. Es probable que la poca consideración que tuvo hacia el mendigo, haya influido para que tenga ese destino; pero lo que es seguro, y que fue determinante; es que el rico tuvo todo el conocimiento y todas las oportunidades de arrepentirse, pero sencillamente no lo hizo. El mendigo, por su parte, no fue a parar al seno de Abraham, solo porque era mendigo, sino porque confió en Dios, y a pesar de que sufría hambre y enfermedades, siempre confió en Dios, siempre fue agradecido y nunca renegó de su creador, ni siquiera del rico, que lo miraba con desdén. Es probable que estos puntos de vista usted no los pueda sustraer directamente del párrafo, pero la Biblia está llena de ese tipo de enseñanzas.
- El pasaje, dice claramente que el rico está sufriendo, atormentado en llamas. Y aunque pide ayuda, comprende que no es posible recibirla. Pero, como usted puede ver, él tampoco se carboniza instantáneamente en esas llamas; aunque existe la posibilidad de que el párrafo tenga algo de lenguaje figurado, vale decir que no son ese tipo de llamas que nosotros conocemos, y si lo son, él tiene un cuerpo espiritual al cual las llamas no lo atacan como lo harían a un cuerpo terrenal, pero sí lo atormentan. Hay que aclarar también, que ese lugar, no es precisamente el infierno. Por otro lado el pasaje dice que Lázaro, sí está en un lugar a gusto, él es consolado de su tristeza y no sufre; aunque este lugar no es precisamente el cielo, o sea Lázaro no está viviendo junto a Dios.
- También podemos saber que los que están en el seno de Abraham, por muy compasivos que fueran, o por muy parientes que fueran, no pueden hacer nada para cambiar la situación de aquellos que han ido a parar al Hades.
- Otra enseñanza que nos deja el pasaje, es que los que están vivos aquí en la tierra, no pueden recibir ninguna influencia, ni ayuda, ni advertencia desde esos lugares; y también podemos deducir que los que están vivos, no pueden hacer absolutamente nada para que sus parientes que están muertos y han ido a parar al Hades, alivien su dolor, o se puedan cambiar de lugar.
- Abraham le dice al rico: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levante de los muertos. Si no oyen a Moisés y a los profetas, simplemente significa en otras palabras, si no hacen caso de lo que está escrito, o sea si no toman en cuenta lo que verdaderamente dice la Biblia. Abraham no estaba exagerando, al decir que no se persuadirán si alguien se levantare de entre los muertos. Eso es verdad, pues Jesús se levantó de entre los muertos, y aunque la gente de alguna manera lo acepta, no vemos que se arrepienta y se convierta a Cristo.
Sé que usted se está preguntando: ¿Por qué dice con tanta seguridad que esos lugares no son el infierno y tampoco el cielo? En las Escrituras, el Hades, también es llamado Seol, o sepulcro, y algunas veces por extensión, también infierno; pero el verdadero infierno, ese lago de fuego y azufre que arde por la eternidad, donde irán a parar todos los incrédulos y rebeldes ante Dios; ese, claramente está mucho más allá de la muerte y la resurrección. Porque la Biblia enseña, que después de esta muerte, la gente incrédula, volverá a vivir para ser juzgada, para ver con sus propios ojos que merece ir al infierno. Y una vez que alguien vaya a parar allá, será por la eternidad, y no podrá ver ni tendrá noticias de alguien que esté viviendo junto a Dios. La Biblia nos enseña que al infierno irán a parar, no solo las personas incrédulas, sino que lo harán el mismo Hades, la muerte, el Anticristo, y Satanás. Veamos algunos pasajes que nos hablan de eso: “Y la bestia (léase Anticristo) fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen. Estos dos (bestia y falso profeta) fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás (seres humanos) fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba a caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos. (Ap 19:20-21) Este pasaje que cronológicamente está ubicado al final de la ‘gran tribulación’ indica con claridad que el Anticristo y el falso profeta, que será alguien que le ayudará a éste en el engaño de carácter espiritual, serán los primeros habitantes del infierno o lago de fuego y azufre. Cronológicamente, mil años después de ese acontecimiento, podemos leer este otro pasaje que dice así: “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios, y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Ap 20:10-15)
Estos pasajes nos enseñan que:
- Los muertos grandes y pequeños, entiéndase adultos y niños que hayan actuado con maldad, estarán en el Hades hasta el día del juicio, que será mil años después de que termine la gran tribulación. Después de la gran tribulación, viene un periodo de mil años según la Biblia, al se le ha dado el nombre de milenio; y, al final de la gran tribulación, solo el Anticristo y el falso profeta irán a parar al infierno, pero las demás personas que morirán en esa guerra que se llama Armagedón, las cuales serán todas rebeldes según el contexto del pasaje, no dice que irán al infierno, sino que simplemente morirán y serán comidas por las aves; por lo tanto no es difícil entender que irán a parar al Hades.
- Al final del milenio, el segundo pasaje indica que Satanás será echado al infierno, donde ya están el Anticristo y el falso profeta, y que el tormento en ese lugar será por los siglos de los siglos, que es otra manera de decir, por la eternidad.
- El segundo pasaje también nos enseña que todos los muertos, de todos los tiempos, volverán a vivir o mejor dicho se presentarán ante Dios para un juicio según sus obras. Ellos serán entregados desde el Hades, y después de haber sido juzgados serán echados en el infierno para reunirse con Satanás, el Anticristo y el falso profeta, que ya están allí. Y como ya no habrá más muerte, y ya nadie necesitará el Hades, estos también serán echados al infierno.
Pero,… ¿en ese juicio, no habrá ninguna persona que sea buena? Tengo que decirle amado lector, que no habrá siquiera uno que sea bueno. Lo que pasa es que en cierta forma todos los que estaban en el Hades, ya tenían su destino sellado; porque sería muy injusto de parte de Dios, que alguien se encuentre en el Hades, y luego tenga que ser calificado de inocente y ser destinado a vivir junto a Dios. Este juicio, solo tiene un sentido de Suprema Justicia, pues Dios abrirá los libros donde están registrados todos los actos de maldad de los hombres que comparecen a ese juicio, y como acto muy justo, será leído el libro de la vida, que es donde están registrados los nombres de los creyentes fieles, esto será hecho simplemente para comprobar a los incrédulos que no están inscritos allí, y que no hay injusticia en lo que se está haciendo. Prácticamente, en el momento de morir, físicamente, el hombre sella su destino y nada puede cambiar ese destino después de la muerte; usted mismo lo leyó en el pasaje del rico y Lázaro.
Y… ¿cómo será el destino de los creyentes aceptos ante Dios? Todos los que han ido a parar al seno de Abraham, que también en algunos casos se le llama cielo; más como usted mismo puedo leer esta junto al Hades; ellos resucitarán y tomaran cuerpos especiales que puedan remontarse a los cielos, en un día próximo que se llama el arrebatamiento de la iglesia, y que probablemente sea justo antes de empezar la tribulación. Y los creyentes que estén vivos ese día, también serán transformados y llevados juntamente con los recién resucitados, allí permanecerán durante siete años adorando a Dios, luego regresarán a esta tierra con Jesús, para reinar con él durante mil años al final de la gran tribulación, que es donde morirán todos los incrédulos, es decir ningún incrédulo entrará al milenio para vivir con Jesús, usted leyó eso, cuando decía que apresaron a la bestia y al falso profeta, lo echaron al infierno, y los demás, o sea todos los otros que acompañaban al Anticristo fueron muertos. Después del milenio, los creyentes, entraran a la eternidad, con Jesús, en nuevos cielos y nueva tierra. Leamos algunos pasajes que indican esto claramente: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivamos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1Tes 4:16-18) Pero un poco más adelante, en esta misma carta del apóstol Pablo dice: “Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo, quien murió por nosotros para que ya sea que velemos, o que durmamos, vivamos juntamente con él” (1Tes 5:9-10) A esta mención que hace Pablo: ‘No nos ha puesto Dios para ira’, se hace referencia principalmente, cuando se afirma que el arrebatamiento será al inicio de la tribulación, porque a este periodo, o sea a la tribulación, también se le llama el día de la ira del Cordero. Otro pasaje dice: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad” (1Co 15:51-53) He aquí otro pasaje más: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén” (Ap 7:9-12) Otro pasaje: “Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya!
Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes. Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos” (Ap 19:1-8)
Esta multitud que adora y reconoce el señorío de Jesús, luego desciende con él para derrotar definitivamente al Anticristo en la Batalla llamada ‘Armagedón’. Esta multitud reconoce que los juicios de Dios, o sea el hecho de que el mundo pase por la gran tribulación con terrible sufrimiento y que aún así no se arrepiente, es justo. El siguiente pasaje dice que ellos descienden junto a Jesús.
“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos” (Ap 19:11-14) El pasaje que sigue, nos muestra cómo será el juicio de los inocentes, o de los creyentes, los que no recibieron la marca de la bestia; y hace una referencia muy especial al juicio de los incrédulos, quienes dice que no volvieron a vivir hasta que se cumplieron los mil años: “Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Ap 20:4-6) Por último transcribiremos un pasaje que habla de los nuevos cielos y la nueva tierra, que vendrá después de que se haya producido el juicio del Gran trono blanco, que es para los incrédulos. La nueva tierra y los nuevos cielos, serán solo para los que han permanecido fieles hasta el final, dice así: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Ap 21:1-5)
Al responder con base bíblica, la pregunta que se ha planteado; tendríamos que decir que existen todas las posibilidades de volver a vivir con nuestros seres queridos; en el cielo junto a Dios y por la eternidad, siempre que ellos hayan sido, y nosotros seamos fieles creyentes y seguidores de Jesús; de lo contrario, también está la posibilidad de convivir con ellos pero en el infierno, lo cual es muy triste, pero lamentablemente real. Si de alguna manera percibimos que nuestros parientes o amigos no fueron a parar al Seno de Abraham, entonces mejor sería no seguirlos, porque es muy seguro que ellos también así lo desean, tal como lo hace el rico, en la historia del ‘Rico y Lázaro’ No es mi intención asustar a nadie, ni mucho menos condenar a nadie, de ninguna manera yo soy el juez; solo deseo que entendamos lo que está escrito en la Palabra de Dios, ella es la que nos juzgará en el día final. Y si todas las cosas que han pasado, tienen un fiel cumplimiento en ella, no veo por qué no creamos que esto que leemos hoy, también será así, tal como está escrito. Solo deseo animarle a que usted se aferre a la esperanza que hay en Cristo Jesús, él también lo desea, y no se lo digo, solo porque lo leí en la Biblia, que ya es una gran verdad; sino porque el hecho de que vino a este mundo, y ofrendó su vida por nosotros y resucitó y ascendió a los cielos, para mostrarnos el camino hacia Dios; indica claramente que si no le seguimos, nos espera un lugar muy terrible donde tendremos que pasar la eternidad.
Que Dios toque su corazón, y le bendiga con mucha sabiduría de lo alto, para que pueda estar con él un día, pues no depende de nadie más, que de nosotros mismos. Amén.
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