Hebreos 1:1-2
9 de julio de 2010
¿Por qué Jesús no regresó en 1843?
La situación socio política de los nacientes Estados Unidos, por las constantes refriegas con Inglaterra por el dominio de territorios, la fiebre del oro en California y luego la secesión de los estados esclavistas del sur que luego entraron en conflicto con los estados del norte o de La Unión; fue el caldo de cultivo para el nacimiento de varias tendencias religiosas algunas de carácter revisionista, otras fundamentalistas, y también aquellas que fueron iniciadas por algunos que dijeron que habían tenido revelaciones o manifestaciones evidentes de parte de Dios y de su Santo Espíritu. Fue en ese tiempo, que William Miller, un granjero y militar norteamericano, que perteneció inicialmente a la iglesia bautista, y que luego también fue francmasón; inició sus estudios particulares de la Biblia, poniendo especial énfasis en las profecías. De acuerdo a sus estudios, él llego a la conclusión de que Jesús retornaría a la tierra física y visiblemente el 21 de Marzo de 1843. Como en esa fecha nada pasó, Miller, después de revisar sus cálculos dio una nueva fecha para el 21 de Marzo de 1844; en esa fecha tampoco sucedió la anunciada venida de Jesús, entonces él, animado por algunos pocos que aún le apoyaban, pues los demás se habían retirado de su lado desilusionados, hicieron revisiones y comparaciones con el calendario judío, y dieron una nueva fecha para el 22 de Octubre de 1844. En esa fecha tampoco sucedió el mencionado advenimiento de Jesús, y William Miller reconoció que había fallado en la interpretación profética de la Biblia; sin embargo terminó sus días, convencido de la cercanía de la fecha del retorno de Jesús a la tierra.
La enseñanza de Miller que hablaba de la segunda venida de Jesús, estaba basada principalmente en un pasaje del libro de Daniel 8:13-14 que dice: “Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados? Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”. Para establecer esta enseñanza profética también se echo mano a lo que dice Daniel 9:24-27: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador ” La profecía de las setenta semanas de Daniel, es muy conocida, y apunta al hecho de que desde que salió la orden para re-edificar Jerusalén, que había sido destruida por Nabucodonosor alrededor del año 586 a.C., y la mayoría de los judíos llevados a babilonia cautivos, entre los cuales figuraba Daniel; y de acuerdo a una profecía rebelada al profeta Jeremías (Jer 25:11 y 29:10) Dios había dicho que los visitaría después de setenta años de cautiverio en Babilonia. Daniel conocedor de esta situación revisa los escritos y se da cuenta que ya está cerca el tiempo en que Dios debería liberar a su pueblo (Dn 9:2) y pide a Dios le rebele el tiempo de la liberación de Israel, y el ángel Gabriel le da esa revelación de las setenta semanas.
En líneas generales, no hay mucho problema con la profecía de las setenta semanas de Daniel, entre nosotros y los postulados de William Miller y sus seguidores; cuyas sesenta y nueve semanas (siete semanas y sesenta y dos semanas más, según el versículo 25) abarcan hasta los días del Mesías o Jesucristo y luego en forma muy separada, el ángel rebela la semana numero setenta (versículo 27) que tiene que ver con los siete años de la tribulación y que están en el futuro. Para los adventistas y Testigos de Jehová que son los seguidores de Miller, esas setenta semanas terminan en los días de Jesucristo; porque ellos no hacen la diferenciación de la última semana. Para el efecto de la enseñanza que tratamos hoy, no tiene caso discutir el tema de cómo se llevan a cabo las setenta semanas; porque todos estamos más o menos de acuerdo que tienen que ver con la orden que dio uno de los reyes medo persas, ya sea Darío o Artajerjes, para reconstruir Jerusalén; por que dicho sea de paso, hubo al menos tres órdenes en ese sentido, y que las sesenta y nueve o setenta semanas abarcan hasta la aparición del Mesías, ya sea que coincida con su nacimiento, su bautismo o con su crucifixión. El problema real con la enseñanza de Miller, no es la interpretación de esta profecía, sino la conexión que se hace de esta profecía, con la anterior, la de las dos mil trescientas tardes y mañanas (Dn 8:13-14)
Las setenta semanas de Daniel son semanas de años, y en esto también estamos casi todos de acuerdo; y son semanas de años, o sea setenta periodos de siete años, por varias razones: La primera es una razón lógica; porque si fueran semanas de días, sería imposible que esa profecía sea verdadera, pues las setenta semanas, solo significarían 490 días y eso equivale solo a un año y algo más de cuatro meses, lo que no tendría ninguna relación entre la orden de reedificar Jerusalén y la aparición del Mesías; pero si se toman semanas de años, o sea 490 años, entonces todo se vuelve muy aceptable, porque ese mas o menos es el tiempo que hay entre la orden de reconstruir Jerusalén y la manifestación de Jesús en Palestina. Pero no es esa la razón más importante para determinar que estamos hablando de semanas de años; debemos decir que el vocablo hebreo que usa la Biblia, para expresar el tiempo o semana en la profecía de las setenta semanas, es ‘shabu-im’ que es el plural de ‘shabúa’, que quiere decir unidad de siete o periodo de siete. Si bien es correcto traducirlo como semana, o periodo de siete días, no era ese precisamente su único significado; ya que esa palabra tiene relación también con semanas de años, como era otro uso que le daban los judíos. Un pasaje que muestra las semanas de años está en el libro de Levítico 25:8, donde dice: “Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años”. En la Biblia, cuando esta palabra es usada y se refiere a semanas comunes, el contexto siempre indica su significado lógico, por ejemplo en Deuteronomio 16:9, se usa la palabra ‘shabu-im’, y dice: “Siete semanas contarás; desde que comenzare a meterse la hoz en las mieses comenzarás a contar las siete semanas”, donde es lógico que se trata de semanas de días, pues se trata de una de las fiestas anuales de los judíos, la fiesta de las semanas o pentecostés, que se llamó así precisamente porque se celebraba al termino de los 49 días después de la fiesta de las primicias o de los primeros frutos. Otro ejemplo citaremos en Levítico 12:5, donde dice: “Y si diere a luz hija, será inmunda dos semanas, conforme a su separación, y sesenta y seis días estará purificándose de su sangre”, aquí también es lógico que se trata de semanas de días, no solo porque la historia confirma el tiempo de purificación de las mujeres para el caso; sino que los versículos anteriores hablan claramente de días, al referirse a la purificación que debía tener la mujer en el caso de dar a luz un hijo varón. En la Biblia se usa la palabra ‘shabúa’ o su plural, aproximadamente 17 veces, y en todos los casos se refiere a semanas normales o semanas de días; solo en Daniel 9:24-27, este término no tiene un contexto claro que nos sugiera abiertamente que se trata de semanas de días o de años; pero como dijimos, la historia confirma que se trata de semanas de años, lo que equivale a 490 años, tiempo en el que todos estamos de acuerdo.
Sin embargo, regresaremos a la profecía de Daniel 8:13-14, donde dice: “Entonces oí a un santo que hablaba; y otro de los santos preguntó a aquel que hablaba: ¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados? Y él dijo: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”. Guillermo Miller concluyó que eran dos mil trescientos años que se mencionaban en la profecía, y que esos 2300 años concluían en Marzo de 1843 d.C.; porque la relación que sacó era de que la orden para restaurar el templo en la profecía de Daniel 9:24-27 fue dada en el año 457 a.C., fecha que podría ser aceptada sin problemas. Pero también dijo que ese mismo año comenzaría la otra profecía, la de Daniel 8:13-14, donde se habla de las dos mil trescientas tardes y mañanas. Alguien puede decir que no se ve ningún problema en que dos profecías empiecen la misma fecha, y en ese caso, Miller habría tenido toda la razón; pero hay ninguna base escritural que nos permita afirmar tal cosa, mas al contrario, la base contextual del capítulo 8 y del 9 son muy diferentes, lo que será explicado más adelante; por lo que aceptar la idea de Miller, no sería aceptar lo que dicen las escrituras, sino aceptar simplemente lo que dice un hombre. Pero ese, otra vez no es el real problema; lo lamentable es que Miller y sus seguidores adventistas no consideraron que en el pasaje de Daniel 8 no se usa la palabra ‘shabúa’ ni ninguno de sus derivados, pues la Biblia dice claramente que son ‘tardes y mañanas’, lo que indica indudablemente periodos de 24 horas como eran los días judíos que empezaban en la tarde, y terminaban al día siguiente a la misma hora. Esto, no deja en absoluto posibilidad alguna de que se haga la conversión de días a años, para que podamos hablar de 2300 años, y que terminarían en 1843 con el regreso de Jesucristo; y como todos sabemos, así fue confirmado con la realidad de que Jesús no regresó ese año. Tampoco podría aceptarse esta fecha como la entrada de Jesús en el templo celestial para purificarlo, como dijo Hiram Edson que había recibido una revelación y luego lo predicó y confirmó Elena de White; porque como vimos, las fechas de 19843 y 1844 o cualquier otra fecha que se discuta, no tienen ninguna relación con la profecía de Daniel 8, ya que en ella no se trata de años, sino simplemente de días, y esos 2300 días solo equivalen a 6 años, 4 meses y 20 días.
El detalle más claro que desecha toda esa teoría millerista que habla del regreso de Jesús en 1843 o 1844 o que en esa fecha entró en el santuario celestial; es que todo el capítulo 8 de Daniel, se refiere a la caída del imperio medo persa y al desarrollo de imperio greco macedónico. Los griegos en esta profecía, son tipificados como el macho cabrío, cuyo líder fue Alejandro Magno, que allí es identificado como el cuerno notable (v 5); este macho cabrío, viene del poniente ( de Macedonia y de Grecia) y derriba y pisotea al carnero que representa al imperio medo persa (v 6 y 7). Como todos sabemos Alejandro Magno conquistó de manera sorprendente a los medo persas y engrandeció su imperio rápidamente; pero murió en Babilonia en la flor de su edad, y su reino fue repartido entre sus cuatro generales: Casandro, Lisímaco, Seleuco y Ptolomeo I (v 8). De la dinastía de Seleuco con el tiempo surgió un hombre que odió mucho a los judíos y cumplió plenamente esta profecía representado al cuerno pequeño (v 9), este fue Antíoco Epífanes. Esta profecía bíblica no solo es explicada y confirmada por la historia, sino que el mismo capítulo la explica así: “En cuanto al carnero que viste, que tenía dos cuernos, éstos son los reyes de Media y de Persia. El macho cabrío es el rey de Grecia, y el cuerno grande que tenía entre sus ojos es el rey primero (o sea Alejandro Magno). Y en cuanto al cuerno que fue quebrado, y sucedieron cuatro en su lugar, significa que cuatro reinos se levantarán de esa nación, aunque no con la fuerza de él. Y al fin del reinado de éstos, cuando los transgresores lleguen al colmo, se levantará un rey altivo de rostro y entendido en enigmas. Y su poder se fortalecerá, mas no con fuerza propia; y causará grandes ruinas, y prosperará, y hará arbitrariamente, y destruirá a los fuertes y al pueblo de los santos” (Dn 8:20-24) De acuerdo a datos históricos esta desolación judía habría comenzado entre los años 171 a.C. año en que fue asesinado el sacerdote Onías III por orden de Antíoco y abría terminado el 25 de diciembre del 165 a.C. con el triunfo judío y la purificación y dedicación del templo; lo que concuerda plenamente con los 2300 días o seis años y meses que menciona la profecía.
Es evidente que, como toda profecía, esta también tiene una significación secundaria y tipológica, y que se refiere al Anticristo de los últimos días, del cual Antíoco Epífanes viene a ser la figura; y la forma en que obtuvo el poder y como actuó en Jerusalén, son un ejemplo de cómo será el Anticristo en los días finales de esta dispensación, como ya lo hemos explicado otras veces.
Entonces, la pregunta de Daniel 8:13: “¿Hasta cuándo durará la visión del continuo sacrificio, y la prevaricación asoladora entregando el santuario y el ejército para ser pisoteados?; y que es contestada por el ángel de Dios, con la palabras: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” , se refiere exclusivamente a los estragos que cometió Antíoco Epífanes con el pueblo judío, y que duró algo más de seis años o sea 2300 días, y no tiene nada que ver con el regreso de Jesús a la tierra o con que Jesús entraría al santuario celestial allá en el cielo; por lo que todo lo que se intente demostrar en sentido contrario, carece completamente de fundamento. El punto de inflexión millerista, está en la conversión de esos 2300 días (tardes y mañanas), en años; lo que no se puede hacer, bajo ningún punto de vista; pues la Biblia es muy clara en lo que dice; allí se usa precisamente la expresión más normal y de acuerdo a la usanza judía ‘tardes y mañanas’, tal como la encontramos en el Génesis: “Y fue la tarde y la mañana del día…” (Gn 1:5, 8, 13, 19, 23, 31, etc.); y para confirmar la idea, la frase vuelve a ser repetida en el versículo 26 donde dice: “La visión de las tardes y mañanas que se ha referido es verdadera; y tú guarda la visión, porque es para muchos días”. Es verdadera la visión de las tardes y mañanas, lo que significa que no hay necesidad de interpretación, o de hacer una equivalencia del tiempo, cambiando los días por años, ni se puede hablar de semanas de años, porque tampoco se usa la palabra ‘shabúa’ ni ninguno de sus derivados. El versículo termina diciendo que la visión es para ‘muchos días’; y el profeta Daniel, inspirado por el Espíritu de Dios, tiene el cuidado de no cambiar la unidad de tiempo al indicar el ‘cuando’ se produciría ese cumplimiento, o sea se ve obligado a decir ‘muchos días, pues también podría haber usado la palabra años, pero no lo hizo. Se supone que Daniel murió alrededor del año 530 a.C. y como vimos esta profecía se cumplió unos tres siglos y medio después; por lo que traducido a días, por supuesto que vienen a ser muchos días más allá de la vida de Daniel.
Si les otorgamos algún grado de credibilidad a los adventistas, también tendríamos que hacerlo con los testigos de Jehová, pues ellos emplearon la misma estratagema del cálculo de tiempo para establecer su teoría de que son la iglesia verdadera, o grupo de verdaderos seguidores de Cristo. Estos discuten que en 1914 d.C. se estableció el reino celestial de Jesucristo y se produjo su regreso a la tierra de manera invisible; reinando en este mundo desde aquellos días junto a un pueblo puro y santo, que pronto heredará la tierra; ese pueblo por supuesto son los testigos de Jehová. La teoría es la siguiente: De acuerdo a Lucas 21:24, donde que dice: “Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan”. Esta es una profecía de Jesús, que como toda profecía, es para el tiempo futuro; pero según los testigos de Jehová habría empezado en el año 607 a.C. con la invasión de los babilonios a Jerusalén, con Nabucodonosor a la cabeza; y este tiempo de los gentiles habría terminado en 1914, restableciéndose el reinado de Dios en el tiempo de ‘la restauración de todas las cosas’ mediante la Jerusalén simbólica que viene a ser como dijimos, la comunidad los testigos de Jehová.
Resulta que en el libro de Daniel capítulo 4, se cuenta que Dios le dio un sueño profético a Nabucodonosor, y en ese sueño él estaba representado por un gran árbol, que luego fue cortado, pero se le dejo el tronco encadenado en la tierra, de donde saldría un brote o retoño. Este sueño según la Biblia, significa que Nabucodonosor estaría trastornado o loco por siete años, por ser un rey muy orgulloso y altivo contra Dios; estos siete años, están mencionados como ‘siete tiempos’, que es otra forma de expresar los años en algunos pasajes bíblicos, pero se deja ese brote como símbolo de que su poder le sería devuelto, luego de que reconociera a Dios como el único gobernante poderoso del mundo. Por supuesto que ese sueño profético fue hecho realidad en la vida de Nabucodonosor, o sea fue una profecía que se cumplió en él mismo, y la Biblia cuenta en el capítulo 4 todos esos detalles.
Toda profecía tiene un solo cumplimiento y en el caso de ésta que tratamos, ya tuvo su cumplimiento en Nabucodonosor, como dijimos; si bien es cierto que las profecías pueden tener algún significado simbólico de otro hecho que se cumple en la historia, pero ese hecho siempre estará respaldado por su propia profecía. Un hecho puede estar profetizado dos o más veces, de diferentes maneras, por diferentes profetas y en diferentes épocas; pero una profecía, no puede tener dos o más cumplimientos, ese es un hecho muy importante a tomar en cuenta.
Según los testigos de Jehová, Nabucodonosor es un símbolo de Dios; y el poder y gobierno que Dios tenía sobre el pueblo de Israel, fue hollado o quitado por los Babilonios en el año 607 a.C. Esta fecha no coincide con la invasión babilónica a Jerusalén; pero independiente de eso, los testigos de Jehová, afirman que Dios volvió a restablecer su dominio luego de siete tiempos, así como sucedió con Nabucodonosor; y que esto vino a suceder en 1914 d.C., y que según ellos fue manifiesto mediante el retoño o brote que son los testigos de Jehová. ¿Cómo se llegó a esa fecha, si siete tiempos son solo siete años?; muy sencillo, y es que ellos fueron incluso más intrépidos que los adventistas, pues convirtieron los siete años en días, y así llegaron a tener 2520 días, a razón de 360 días por año, luego los seguidores de Charles T. Russell, porque él fue el que inicio el movimiento de los testigos de Jehová, volvieron a convertir esos 2520 días en años, y así llegaron a tener 2520 años; y por supuesto, si partimos contando en el año 607 a.C. coincide justo con 1914, incluso ellos se atreven a dar el mes y el día en que se cumplió esta profecía, 4 o 5 de octubre de 1914. Hay mil cosas que discutir acerca de las fechas y conceptos en la enseñanza de Russell, pero hoy solo estamos tratando el asunto de la conversión de días en años y viceversa. Nada de lo que ha propuesto Russell es posible hacer; cuando la Biblia dice que son días, entonces todos entendemos que se trata de periodos de 24 horas, y si dice que son años, entonces son periodos de 360 días, como generalmente se emplea en el cálculo profético; no existe esa teoría de que es un método bíblico de interpretación profética el convertir los días en años, o los años en días. Estos dos grupos, adventistas y testigos de Jehová, generalmente echan mano a pasajes tales como Ezequiel 4:6, que dice: “Cumplidos éstos, te acostarás sobre tu lado derecho segunda vez, y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta días; día por año, día por año te lo he dado”, si bien en este pasaje se menciona ‘un día por cada año’, no es ninguna regla para interpretar las profecías, simplemente es una orden al profeta de representar la maldad que ha cometido el pueblo judío dentro de los últimos cuarenta años; y como es obvio, para el profeta sería mucho castigo estar cuarenta años acostado de lado, y hasta el mensaje quizá no sería entendido por sus compatriotas, por lo tanto Dios le cambia el equivalente de cuarenta años a cuarenta días, pero nada tiene que ver con interpretar profecías. Otro pasaje recurrente es el de Números 14:34, que dice: “Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día; y conoceréis mi castigo”; aquí es al revés, Dios castiga la incredulidad de Israel, con cuarenta años de vagar por el desierto, hasta que esa generación sea completamente exterminada; ellos estuvieron vagando por el desierto cuarenta años en castigo de los cuarenta días que los espías israelitas habían tardado en reconocer Canaán, y luego de que regresaron desanimaron al pueblo diciendo que era una tierra imposible de conquistar, y todos murmuraron contra Dios. Pero de ninguna manera en este pasaje, se está hablando de que es una regla de Dios cambiar los días por años, y tampoco ésta es una profecía; por lo que todo lo que se ha hecho y dicho para establecer estas doctrinas como verdaderas o bíblicas, y que tienen relación con el establecimiento de fechas de inicio de estos movimientos religiosos o alguna otra supuesta manifestación de Dios, no tiene ningún fundamento ni razón bíblica.
Esta es entonces la respuesta correcta, al por qué Jesús no regreso en 1843, o 1844, o 1914, 1925 o cualquier otra fecha en la que se intente establecer alguna manifestación del poder o gobierno de Dios en la tierra. Dios siempre ha gobernado sobre aquellos que le reconocen como su Rey y Señor, pero un día, que por supuesto nosotros no podemos saberlo, él regresará de manera visible y sin secretos para nadie (Ap 1:7); entonces destruirá a los que no lo recibieron como su Señor y gobernante de sus vidas (Ap 19:21, 20:15), y recién establecerá un gobierno aquí en la tierra, solo junto a aquellos que han llegado a llamarse hijos de Dios, que han creído en él y le han esperado fielmente (Ap 21:3, 7). Por lo tanto, y para finalizar, diremos que esta es también una invitación a que usted amado lector, reciba hoy mismo a Jesús como su Salvador personal, y así llegue a ser su hijo, y pueda vivir junto a él por la eternidad y bajo su gobierno. Amén.
12 de diciembre de 2009
La revolución de la cuchara

Por estos días en la ciudad, hay un impulso del movimiento OK, (Original kingdom) o Reino original de la revolución de la cuchara, como ellos mismos se autodenominan ¿Ya les compro sus libritos y folletos? Deseo destacar algunos puntos que me parecen importantes, tomando como base lo que promueven estos caballeros. Ellos promueven el vegetarianismo principalmente, y también promueven sus razones para ser vegetarianos; he aquí algunos de sus eslóganes: “Nosotros amamos a los que comen carne; pero también amamos a los animales, por eso los amaríamos aún más (a los hombres carnívoros) si se hicieran vegetarianos”, “La revolución es entre tú y tu plato”, “Lo que comes tiene consecuencias políticas y sociales que desconoces”, “Tu cuchara es la mejor arma”, “Conoce por qué sacar la carne del plato puede ser más efectivo que hacer marchas, política o caridad”, etc., etc. Ellos se autodenominan defensores de aquellos que no pueden defenderse, en referencia a los animales por supuesto; y dicen que esta forma de vivir y de pensar, traerá muchas soluciones a los grandes problemas que hoy tiene la humanidad.
Estoy de acuerdo con el vegetarianismo, y con muchas de estas cosas; pues ¿Qué de malo tiene comerse una sabrosa hamburguesa vegetariana?, ¿Qué de malo hay en sentir cariño por los animales?, ¿Qué de malo tiene, si el vegetarianismo va en beneficio de la salud?, y ¿Qué de malo hay en preservar el medio ambiente? Tantas cosas que podríamos considerar, y si las vemos una a una, es probable que todas las encontremos buenas; pero yo quiero decirle que de todas maneras hay un peligro, si lo vemos desde el punto de vista de Dios. Y… ¿Cuál es ese peligro? El peligro es que unirse a ‘La revolución de la cuchara’, es unirse a Satanás y alejarse de Dios. ¿Cómo? ¿Así de drástico? Si estimado amigo, lamentablemente es así, y así de drástico. Veamos algunos puntos de vista bíblicos para dilucidar el tema.
La Biblia dice enfáticamente que Dios creó al hombre (Gen 1:27), pero ‘La revolución de la cuchara’, y todos los movimientos afines, digo afines porque ‘La revolución de la cuchara’, es simplemente una pequeña punta del iceberg, que en realidad se llama ‘Nueva era’; promueven la evolución, ellos creen que los animales son nuestros hermanos, porque venimos de la misma célula primitiva, y como usted se dará cuenta, esto ya es una cuestión irreconciliable; no hay ninguna posibilidad bíblica para la evolución. Luego, ellos dicen: ‘respeto a los animales, matarlos es un crimen’, esto también está en completa contraposición a la palabra de Dios, pues allí se lee: “Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento; así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo” (Gen 9:3). Como principal alimento Dios le dio al hombre la carne y luego se mencionan las legumbres y las plantas verdes; y si hemos de aceptar la palabra de Dios como una fuente de verdad, no hay forma de compatibilizar esa verdad, con el vegetarianismo sectarizante. ¡Oh!, si ellos solo supieran que Salomón dedicó el templo de Jerusalén a Dios, con el sacrificio de veintidós mil bueyes y ciento veinte mil ovejas (1Reyes 8:62-63); automáticamente supieran que están en completa oposición a Dios. Cuando estas corrientes nos pretenden hacer pensar que los animales y nosotros estamos al mismo nivel, y que ambos tenemos derechos muy parecidos y cosas por el estilo, están desvirtuando las verdades bíblicas; porque la Biblia nos enseña que nosotros somos los señores de este mundo, y todo ha sido puesto bajo nuestro dominio, pues dice claramente: “Y los bendijo Dios (a Adán y a Eva), y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” Sojuzgar, quiere decir someter, dominar incluso con violencia; y señorear, quiere decir hacerse el ‘señor’ de todo aquello; luego esto también viene a ser irreconciliable con la posición de estos señores; porque ponerse al mismo nivel que los animales, es descender, y desconocer completamente el deseo y el mandato de nuestro Dios. Y si ellos tanto respetan la vida, ¿acaso las plantas no viven? Y… ¿por qué entonces se las comen? Si es que son defensores de aquellos que no pueden defenderse, entonces debieran entender que las plantas están aún más indefensas. En este campo, si deseamos tomar en cuenta a los demás seres y considerarlos en relación a nosotros, según la Biblia, no hay muchas diferencias entre ellos; pues leemos: “(Al hombre) Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies” (Sal 8:6), y luego dice: “porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Rom 8:21), y cuando las escrituras hablan de toda la creación, es porque no está haciendo tanta diferencia entre uno y otro ser, así un protozoo o una galaxia, no vienen a tener mayor relevancia; una piedra puede tener tanta importancia como una vaca lechera o el planeta Júpiter. Dios puso todo eso en las manos del hombre; y solo el hombre es considerado diferente y superior a todo; y esto, porque Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, nadie más en este mundo goza de ese privilegio; así que, esto es también llega a ser irreconciliable con la revolución de la cuchara.
El problema no está en comer carne, o en comer puras verduras, en cuidar de los animales o querer salvar el planeta; el problema está en la posición de nuestro corazón con respecto a Dios, en que si estoy o no tomando su parecer a través de su palabra. Si pienso que comiendo puras verduras, yo voy a vivir mejor, voy a evitar enfermedades y voy a prolongar mi vida; es porque no me interesa si Dios es o no capaz de cuidar de mí, de sanar mis enfermedades, y de darme una vida para siempre, como él lo asegura en su palabra, entonces estoy muy mal; si empiezo a pensar en que cambiando mi conducta con respecto al medio ambiente, voy a salvar el planeta; y eso me hace concluir en que no necesitaría a Dios, estoy muy equivocado; y si bien salvar el planeta sería posible en teoría, tengo que entender que Dios es el único que puede decir el futuro; y si él escribió a cerca de cómo terminará este mundo, de nada me sirve tratar de cambiar la historia, porque eso no sucederá; de lo contrario él vendría a ser mentiroso, y la Biblia nos asegura que él no miente, y aunque no lo asegurara, estamos más que convencidos de que así es; no es que estemos haciendo fuerza para ayudar a Dios, tratando de que se cumplan sus predicciones, si no que es algo que con toda seguridad va a suceder, así como Dios lo dijo; y todo lo que hagamos solo será un vano esfuerzo, un consumo inútil de energía, que como único resultado tendrá el habernos alejado de Dios, el habernos delatado delante de él como rebeldes e incrédulos. Si pienso que no debo comer carne de cordero, porque quizá me podría estar comiendo a algún familiar que por su mala vida en el pasado, ahora se reencarnó en ese cordero, estoy igual de mal; porque la reencarnación es una teoría de Satanás, y es completamente incompatible con la Biblia.
Ellos tienen mucha razón cuando dicen: “Lo que comes tiene consecuencias políticas y sociales que desconoces”, eso sí que es verdad; pero ellos son los primeros que desconocen aquellas cosas. El mundo se dirige aceleradamente hacia su final, y el hombre tiene mucha dificultad en descubrir a Dios, justamente porque esta maraña de ideas y concepciones que ha entretejido Satanás, no permite a aquellos que siguen esas corrientes de pensamiento, descubrir que están en peligro, no les permite descubrir que Dios es su creador, que él es quien les da la vida, y él es quien realmente puede salvarlos y también puede salvar al planeta. Tendríamos que plantearnos la misma pregunta del Apóstol Pablo: ¿Luego, lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? (Rom 7:13) porque en realidad como partí diciendo, muchas de estas cosas son buenas en sí, el problema es que Satanás trabaja arduamente para convertir aquello que es bueno, en algo muy malo; él trabaja de una manera muy inteligente, y tiene la habilidad de convertir lo bueno, lo necesario, lo inofensivo, en algo que al final resulta muy malo. El objetivo de Satanás y sus seguidores; digo seguidores, porque veo a esos muchachos entusiasmados subirse a los microbuses, a divulgar esas ‘disque’ verdades, y no les importa tal vez hacer el ridículo con sus cortes de pelo, sus túnicas y sus sandalias, características; muchos puede que lo hagan de manera inocente, así como lo hacen los que compran los libritos y los leen y tratan de divulgar y aplicar aquellos consejos. Decía que, el objetivo de Satanás, es preparar las mentes y los corazones de la humanidad, para aquel periodo, aunque corto, en que él dominará este mundo completamente mediante su líder, el Anticristo. Por ahora lo hace con muy poca o ninguna violencia, más bien con amor, como dicen estos vegetarianos inocentones: “Tu cuchara es la mejor arma”, pero en aquel día, “Lo que comas hoy, puede tener para ti, consecuencias políticas y sociales que desconoces” Que Dios bendiga tu vida. Espero tus comentarios.
21 de marzo de 2008
Dios pone los deseos
- Puede ser, de que haya un convencimiento de la persona que lo dice, o sea Dios pone en las personas el deseo de asistir a la iglesia. Entonces las que no fueron, es por que Dios no puso en ellas ese deseo, luego no son culpables por faltar al culto.
- Alguien podrá decir: Un momento, se trata de decir que Dios sabe quienes son fieles, o quienes realmente anhelan asistir al culto, y es en ellos en quienes pone el deseo.
- Pero… entonces estaríamos contradiciendo lo anterior, pues, no dependería de Dios, dependería del hombre, pues él debe ser fiel y tener ese anhelo en su corazón.
- Además, ningún incrédulo iría jamás al culto, por que de acuerdo a esto, Dios jamás pondría en estas personas deseos de ir a un culto.
CONCLUSIÓN:
No podemos decir que alguien no va a la iglesia o hace algo, si Dios no pone en él, el deseo de hacerlo. El ir o no ir, no depende de Dios, depende de nosotros. Hay un libre albedrío, una libre determinación, y todos los que no asisten al culto, o no hacen algo que saben que es su obligación, darán cuenta a Dios por no hacerlo. No aclarar esto puede ser aprovechado por Satanás para distorsionar completamente la verdad.
Pasa exactamente igual con otra frase que se pronunció cuando se bendijo las ofrendas: “Te pedimos Señor que tu pongas corazones dadivosos”. Está bien, por escuchar la palabra del Señor, por leerla, por pedirle a través de la oración que nos ayude a cambiar, haciéndonos entender la lección; podríamos tener un corazón dadivoso, y es lo menos que se espera. Pero si en mi mente se graba la idea, de que Dios hará ese cambio sin que yo mueva un dedo, entonces estoy muy mal.
Esperamos sus comentarios.
2 de febrero de 2008
La predestinación
SEMÁNTICA
Hno. Hugo Gonzales Anza
Texto base: Romanos 8:29-30 “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorifico.”
Considere estos versículos, junto a Ro. 9:10-16; donde explica que Dios escogió a Jacob y aborreció a Esaú, y estableció que éste servirá a aquel, antes que nazcan, antes de que ellos hagan algo bueno o algo malo, donde dice concretamente, que Dios tendrá misericordia de quien Él quiera, y que el resultado de nuestro actuar no depende de nosotros, sino de Dios.
Si usted ha estado orando por algo y eso aun no sucede, o usted esta luchando con alguna tentación en su vida, si tiene algún área de su vida donde hay debilidad o temor, o esta recibiendo palabras que le indican que debe esforzarse mas hasta obtener la victoria y tantas cosas como esas; usted se hallará al final confundido y pensará: - No depende de mi, finalmente depende de Dios; él no me escogió desde el principio de los tiempos. ¡No soy un predestinado! Aunque yo me esfuerce no tendré un buen resultado- Así han concluido muchos, y ya no están en el pueblo de Dios; esos no significan tanto peligro para nosotros, más peligro hay en los que se quedan y hacen de esto una verdad o una doctrina. En definitiva no tomar bien este pasaje, pudiera significar su fracaso como cristiano. El diablo le dirá al oído – Aunque te esfuerces, no eres elegido.-
Aclaremos un poco los conceptos: Primeramente debemos observar que estos dos pasajes no tienen el mismo contexto. En el pasaje del capítulo 8 Pablo está hablando estrictamente de una cierta predestinación; y en el capítulo 9 Pablo trata de calmar las aguas entre judíos y gentiles. Para explicar el primer pasaje, tengo una ilustración: Un hombre en su juventud se hizo un propósito, que cuando el se casara y vendrían los hijos, él se esforzaría en darles lo mejor, especialmente una buena educación; sin embargo dentro de ese propósito él estableció que todos aquellos que en la educación básica y media, tuvieran unas buenas notas y un buen comportamiento el los enviaría a la universidad, como es lógico por lo demás, más los que no alcanzaran estos niveles, solo les esperaría ir a trabajar para ganarse el sustento. Usted comprenderá que aquellos hijos esforzados en obtener un buen rendimiento en el colegio o liceo, están predestinados a ser profesionales universitarios ¿verdad?, pero... ¿depende del padre de familia, en este caso, ser obrero o ser profesional? ¡depende de los hijos! De usted depende, estar dentro de los predestinados, y es más, como dice el versículo 29, usted debe ser hecho a la imagen de Jesucristo, y eso también depende de usted.
Lo segundo, en los versículos 6 al 8 del capitulo 9, esta la respuesta. Pablo trata de usar los mejores argumentos que el Espíritu le da, para explicarles ahora a los judíos que Dios ha decidido, que no todo judío será hijo de Dios o descendiente de Abraham, como ellos decían, si no que, Dios a establecido que todo aquel que tiene fe, incluso si es gentil e incircunciso puede llegar a ser hijo de Dios, entonces aquí estamos obviamente frente a una decisión absoluta de parte de Dios, sin importarle el parecer del hombre, por supuesto aunque eso resulte abominable para los judíos. Pero no se trata de que Dios hace elecciones arbitrarias en forma individual, si no que él puede tener hijos en cualquier pueblo o nación, en cualquier raza o lengua. Él puede tener hijos que hayan sido criminales, drogadictos o prostitutas; así como también puede desechar a santurrones que han estado sentados en las iglesias por años. Si lee todo el capítulo usted encontrará mas luz sobre esto. Usted sabe que esta idea ya estuvo plasmada en el antiguo Testamento, hay muchas profecías, a cerca de tomar algún día en cuenta a los gentiles, dentro del pueblo de Dios; y Jesús mismo lo dijo, por ejemplo en Mateo 8:11-12: “Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos, mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será en lloro y el crujir de dientes”. Hoy en día la iglesia ha pasado a ser el “Israel espiritual”, el pueblo de Dios, y los gentiles vendrían siendo aquellos que aun no se convierten. Espero haber podido contribuir en algo; aclarando esta confusión que a veces se crea en nosotros, ya sea por influencias de falsas doctrinas o por interpretación apresurada y distorsionada de algunos. ¡Que Dios le bendiga!.