Hebreos 1:1-2

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quién constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.











15 de julio de 2010

La dispensación de la fe y de la promesa

Muchos, solo la llaman la dispensación de la promesa; pero creo que es mucho mas objetivo llamarla la dispensación de la fe y la promesa; pues la fe, es la que aquí tiene una relevancia muchísimo mayor que la promesa. En el camino hacia el cielo, la humanidad ahora que está establecida en el mundo, haciendo uso de muchas de sus facultades entregadas por Dios, como la de hacer pleno uso de su conciencia, la capacidad de gobernar este mundo, la facultad de libre elección o albedrio, su capacidad de organización y todo ese potencial que el hombre tiene y lo está desarrollando; también ahora y en este momento, Dios decide que es necesario que el hombre aprenda a confiar en él, en su palabra y en sus promesas, lo que en sí quiere decir tener fe. Como es muy difícil introducir el concepto de la fe en la humanidad, y más en aquellos pueblos que por la confusión de lenguas han venido a ser muchos y han empezado a tener diferentes formas de pensamiento; por lo tanto Dios ha considerado escoger de entre la humanidad a un hombre, por medio del cual pueda llevar adelante esta gran tarea, la de hacer entender al ser humano que es muy importante confiar en Dios, y en sus promesas; y este hombre elegido es Abram que quiere decir ‘padre enaltecido’, y que luego se llamará Abraham lo que viene a significar ‘padre de multitudes’. Creemos firmemente que Abraham no fue elegido al azar, solo por gracia de Dios como dicen otros, sino que fue elegido por que Dios en su magnificencia y omnisciencia sabe que ese es el hombre adecuado. Por supuesto que en el mundo de Abraham hay muchos hombres que creen y confían en Dios, pero su proyecto necesita de uno tal que pueda sentar las bases de la fe para toda una humanidad, pues ha sido llamado padre de multitudes, y esto es confirmado por las escrituras cuando dicen: “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham” (Gal 3:7)
La Biblia define la fe como ‘la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve’ (Heb 11:1); esto significa estar seguros de aquello que esperamos, y para esto es necesario que haya algo para esperar, ya sean promesas, ya sean advertencias; así como esas que se le dio a Adán, el día que se le dijo: “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Gn 2:16-17) Esto no es simplemente una advertencia de castigo con la muerte, sino que también trae implícita una promesa de que si obedecen a la voz de Dios ellos podrían vivir eternamente en ese jardín. Ellos no llegaron a estar completamente seguros de esa vida que les esperaba en el Edén, y tampoco pudieron convencerse de que la muerte que les esperaba después de comer de esos frutos, les traería consigo múltiples dificultades y tristezas. Seguramente Dios calificaría esa falta de fe como comprensible, pues Adán y Eva no tenían ninguna experiencia con la muerte, no la conocían, tampoco podían imaginar un lugar diferente al jardín de Edén, pues nunca habían estado en otro lugar que no fuera ese, y en fin, podemos citar un montón de atenuantes para ellos; pero a medida que el hombre ha continuado en este mundo, y a medida que ha ido teniendo experiencias y conocimientos de su entorno y de su relación con Dios, el contenido de su fe también se ha ido haciendo más racional; pues no es lo mismo que se le hubiera dicho a Adán: ‘a ti te daré esta tierra’, que hacerle a Abraham esa promesa. Pensemos que en los días de Abraham, ya muchos hombres se han hecho dueños de muchos lugares donde se han establecido y progresan como reyes y gobernantes, aunque sea en base a guerras y luchas, pero ellos han logrado introducir en sus mentes el concepto de ‘propiedad de la tierra’, lo que con toda seguridad no estaba en Adán, este en su inocencia no habría entendido esa promesa; Abraham conoce en sus días lo que significa ser dueño de tierras, y ser dueño de posesiones, el sabe que aquellos que no poseen tierras ni bienes, tienen que sufrir necesidades y aflicciones, llegando incluso a venderse como esclavos de otros más poderosos, Abraham mismo tenía esclavos; pero en la mente de Adán, solo había libertad, abundancia de pan y ninguna aflicción.
Dios le hizo promesas a Abraham, tales como: “Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre” (Gn 13:14-15); “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra” (Gn 22:18); o como cuando dijo Abram: “Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará” (Gn 15:3-4). La mayoría de las promesas que recibió Abraham, eran imposibles de cumplir desde un punto de vista humano, pero lo valorable de Abraham es que confió en Dios de todo corazón, creyó en todo lo que Dios le dijo; Abraham, hizo algo que ningún hombre de su tiempo pudo haber hecho; pues si bien hay muchos conceptos, como dijimos, que le ayudan a Abraham a creer, de todas maneras lo que él sabe es muchísimo menos que lo que cualquier hombre de nuestros días puede conocer, por lo tanto para entender lo que hizo Abraham, debemos tratar de descender hasta ese nivel de conciencia. Por eso es admirable la fe de Abraham; porque a pesar de que en su propia vida, muchas de las cosas que se le prometió ni siquiera sucedieron, como es el caso de la posesión de la tierra de Canaán, él murió y no poseyó esa tierra, pero no por eso él dejo de creerle a Dios ni a sus palabras, pues con seguridad confiaba que la parte de la promesa que era para su descendencia, sí sería cumplida. Con respecto a tener un hijo, también era algo imposible, pues Sara no solo era estéril, sino que ya tenía noventa años, y su edad fértil había concluido hacía mucho tiempo y ellos lo sabían muy bien; pero aún así, Abraham confió en Dios, creyó sin dudar en que él es poderoso para cumplir lo que dice; la Biblia con respecto a la fe de Abraham, dice: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia” (Gn 15:6) Esto quiere decir que Abraham fue declarado justo, limpio, sin pecado delante de Dios, por creer fielmente en sus promesas; y así también le fueron dadas promesas a Isaac, hijo de Abraham y a Jacob, nieto de Abraham. Y aunque estos hombres cometieron algunos errores; es por la obediencia y fe de ellos que Dios llega a presentar su profunda enseñanza de cómo debemos creer y confiar en él, de cuánto valor tiene para él la fe que podamos ejercer en referencia a su palabra y a sus promesas; tenemos que aprender que Dios cumplirá todo lo que ha dicho y todo lo que ha prometido, así las cosas buenas y también aquellas que son malas para nosotros, pues si Dios lo ha dicho se cumplirá, aunque a nosotros nos parezca que es imposible. Como ejemplo, podemos ver que aquellas promesas dadas a Abraham y a sus descendientes, fueron cumplidas con creces, aunque algunos de ellos como dijimos, no las pudieron ver; pero no por eso fallaron en su fe, sino que murieron creyendo firmemente que Dios sí cumpliría tales promesas. Pero nosotros tenemos aún más ventaja que los patriarcas, pues en nuestros días podemos ver que esas promesas se han hecho realidad; por ejemplo la descendencia de Abraham aun vive en Palestina, que es la tierra donde estaba parado Abraham en día que Dios le hizo esa promesa; y si decimos que los judíos son descendientes de Abraham, es porque realmente Dios le dio un hijo, el cual fue Isaac y de Isaac vino Jacob, y de Jacob, las doce tribus de Israel; y en su simiente, esto es en Jesucristo, quien fue descendiente de Abraham, humanamente hablando o según la carne como dice la Biblia; están siendo bendecidas todas las naciones de la tierra, esto quiere decir, que están oyendo el mensaje de salvación por la fe en Jesús, que sin lugar a dudas es la bendición más grande que pudiera haber sido dada a la humanidad. Entonces este cumplimento de las promesas y de las palabras de Dios, es el que ha ido confirmando a través del tiempo, que Dios es verdadero y fiel a lo que dice; muchas han sido las naciones extranjeras que han reconocido que Dios es fiel; veamos algunos ejemplos: “Y para oír la sabiduría de Salomón venían de todos los pueblos y de todos los reyes de la tierra, adonde había llegado la fama de su sabiduría” (1 Re 4:34) Si bien se habla de la sabiduría de Salomón, era la fama de Dios la que se extendía por el mundo; la reina de Saba es otro ejemplo: “Jehová tu Dios sea bendito, que se agradó de ti para ponerte en el trono de Israel; porque Jehová ha amado siempre a Israel, te ha puesto por rey, para que hagas derecho y justicia” (1 Re 10-9); y desde Babilonia se dijo: “Mas al primer año de Ciro rey de los persas, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, Jehová despertó el espíritu de Ciro rey de los persas, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito, por todo su reino, diciendo: Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba” (2 Cr 36:22-23); y así podríamos citar muchos ejemplos más, pero solo queremos mostrar que esta lección que fue introducida con Abraham, fue de a poco extendiéndose a lo largo de todo el mundo, y así continua hasta el día de hoy.
Es verdad que Abraham también cometió algunos errores y en algún momento podríamos decir que la fe de Abraham falló, frente a los dichos de Dios; por ejemplo podemos ver a Abraham pidiendo pruebas a Dios por el cumplimiento sus promesas (Gn 15:8); lo vemos descendiendo a Egipto en tiempo de hambre en Canaán, en vez de esperar la provisión de Dios; sabemos que mintió a cerca de Sara diciendo que era su hermana y no su esposa (Gn 12:10-13, 20:2); que él y Sara trataron de ayudar a Dios en cumplir su promesa, y decidieron tener un hijo mediante su esclava Agar (Gn 16:1-2); y así podríamos ver muchos errores en Abraham y en sus descendientes, pues ellos eran hombres sujetos a pasiones y debilidades, igual que cualquiera de nosotros; pero más allá de eso, la Biblia resalta la fe de ellos, lo que interesa es que creyeron a Dios a tal grado que ellos sentaron las bases de la fe para toda la humanidad. Desde el punto de vista de Dios, con seguridad que todos los errores que cometieron no habrían podido ser evitados por ningún otro hombre a través de toda la historia de la humanidad; y he aquí, que esto viene a ser también un gran elemento de la lección en la dispensación de la fe y la promesa: Dios está dispuesto a perdonar nuestros errores, aquellos que humanamente podríamos cometer en algún momento de nuestras vidas, siempre que estemos dispuestos a obedecer a Dios con todo nuestro corazón y mantenernos firmes en la fe, mirando y esperando en Dios en todo momento, incluso dentro de aquellas esferas que al hombre le parecen increíbles. Este aspecto será reafirmado y profundizado más adelante, en otra dispensación, cuando el entendimiento de la mente humana sea capaz de aquilatar esta obra del Señor en su cabal dimensión, porque esto se llama ‘gracia de Dios’; pero así como la fe se podría decir que empezó allá en el Edén en su forma más básica, así también empieza aquí la gracia de Dios.
La dispensación de la fe, no es una lección para toda la humanidad, al menos en los días de Abraham, quien se constituye solo en el inicio de esta enseñanza, que luego de muchos años y siglos se irá extendiendo a todo el mundo. A nosotros nos puede parecer un sistema que se desentiende del resto de la humanidad, y que se focaliza solo en una parte del mundo; pero Dios es infalible; y con toda seguridad, no existe otro método para hacer que todos los humanos entiendan esta lección. Esos cuantos siglos que pudiera haber tardado en establecer ésta como una lección para toda la humanidad, en realidad a los ojos de Dios, simplemente son un momento; y en todas estas cosas podemos ver que Dios es grande y que es maravilloso, pues no hay otro dios en el universo, que pueda haber interactuado con la humanidad, a tal grado que no hay un solo minuto de la historia, que no se constituya en parte del plan de Dios para el hombre. Quizá esta grandeza sea para muchos, el impedimento de entender los grandes propósitos de Dios; porque muchos solo pueden ver el momento, lo que sucede a su alrededor; pero no son capaces de mirar hacia la eternidad, que es donde realmente se puede distinguir la figura de Jesús. Solo la fe, es la que le permite al hombre mirar hacia el cielo, y entender que su realidad no está en esta tierra, sino que su realidad, esta en las palabras de Dios; por la fe, entendemos que aquí solo somos unos peregrinos que caminamos por este mundo, pero sin dudar, avanzamos hacia un lugar que ni siquiera conocemos, pero que presentimos. Para finalizar, transcribo para ustedes, unos versículos que nos ayudan a entender esto que acabo de decir: “Conforme a la fe murieron todos éstos (los grandes hombres de fe de la Biblia) sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (Heb 11:13-16). Esta es entonces la dispensación de la fe y de las promesas de Dios hacia la humanidad; pronto estaremos hablando de la próxima dispensación, donde usted podrá entender aún más de sus propósitos eternos. Amén.